Pobres corazones: a 34 años del triple crimen en la casa de la abuela de Fito Páez
El 7 de noviembre de 1986 tres mujeres fueron asesinadas, entre ellas la abuela y la tía abuela del músico rosarino. "Para mí eran como dos madres", dijo Fito en aquellos días.

Sábado 07 de Noviembre de 2020

El 7 de noviembre de 1986 cerca del mediodía tres mujeres fueron asesinadas en una antigua casa de Balcarce al 600 y la repercusión mediática del suceso le enrostró a Rosario sus “pobres corazones”. Delia Zulema Ramírez viuda de Páez de 76 años, Josefa Páez de 80 y Fermina Godoy de 33, fueron sorprendidas por Walter y Carlos Di Giusti, de 23 y 18 años, y violentadas hasta hallar la muerte con cortes de arma blanca en el cuello y disparos de un revólver calibre 22 en la cabeza. Las dos mujeres mayores eran parientes cercanas del músico rosarino Rodolfo “Fito” Páez y la tercera, que estaba embarazada, realizaba tareas de limpieza en la vivienda.

La investigación corrió por cuenta de la seccional 3ª de policía y por el juez Francisco Martinez Fermoselle, y después de un año dilucidaron el caso, cuando una travesti que lucía un collar de las víctimas, abrió el camino para encontrar al culpable. Walter Di Giusti ya había matado a dos personas una semana antes en Garay al 1000. Un mes después del triple crimen, Di Giusti ingresó al servicio de la Policía de Pueblo Esther, en el sur del Gran Rosario.

Di Giusti fue culpado por las cinco muertes y condenado a reclusión perpetua, recibió un beneficio que redujo su pena a 24 años y fue excarcelado por problemas de salud que resultaron engañosos. De regreso a la cárcel, falleció en un sanatorio de Rosario el 12 de junio de 1998 por complicaciones producto de su condición de enfermo de sida. De Giusti y Fito se conocían, pues ambos habían ido a la misma escuela: la Dante Alighieri.

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Tres días después del crimen, Fito Páez arribó a Rosario desde Brasil y se habló con la Policía y la prensa. (Archivo Diario La Capital).

Cuando se enteró de la noticia de la muerte de su abuela paterna y su tía abuela, el cantante se encontraba en Brasil. Arribado a la ciudad, se reunió con la policía y, según publica La Capital, les dijo después a los periodistas: “El mundo está mal hecho. Hoy me tocó a mí, hace cinco años le tocó a John Lennon. En este momento estoy aturdido, desamparado. Mataron al amor de mi vida, mi abuela”.

“Mi abuela y mi tía eran las personas que más quise. Para mí eran como dos madres. No puedo creer esta cosa loca que ha ocurrido. No la entiendo. Es muy poco lo que puedo decir, con todo el lío que tengo en el mate. Vine a contar cómo vivía mi familia en su casa, porque puede servir a la investigación; a contar cómo vivían esas maravillosas mujeres”, le dijo a la prensa tras reunirse con el comisario.

fito paez - ciudad de pobres corazones (video original)

Páez se recluyó luego en las paradisíacas playas de Tahití, en el Pacífico sur, donde pergeñó el álbum “Ciudad de pobres corazones”, reconocido como una pintura del músico sobre la violencia en la ciudad de Rosario.

Aquí la letra de la canción que le da título al disco:

En esta puta ciudad

todo se incendia y se va

Matan a pobres corazones

Matan a pobres corazones

En esta sucia ciudad no hay que seguir ni parar

Ciudad de locos corazones

Ciudad de locos corazones

No quiero salir a fumar, no quiero salir a la calle con vos

No quiero empezar a pensar quien puso la hierba en el viejo cajón

Buen dia lexotanil!, buen día señora, buen día doctor

Maldito sea tu amor, tu inmenso reino y tu ansiado dolor

¿Qué es lo que quieres de mi?

¿qué es lo que quieres saber?

No me veras arrodillado, no me veras arrodillado

Dicen que ya no soy yo

que estoy mas loco que ayer

Y matan a pobres corazones,

matan a pobres corazones

No quiero salir a fumar,

no quiero salir a la calle con vos

No quiero empezar a pensar

quien puso la hierba en el viejo cajón

Buen dia lexotanil, buen día señora, buen día doctor

Maldito sea tu amor, tu inmenso reino y tu ansiado dolor

En esta puta ciudad todo se incendia y se va

Matan a pobres corazones, matan a pobres corazones