Jueves 06 de Agosto de 2015
Personal de Prefectura Naval intentaba divisar al ejemplar juvenil de ballena jorobada que el lunes pasado ingresó a la zona de muelles de Puerto Madero y con el que se perdió contacto visual desde la madrugada de ayer, en la ciudad de Buenos Aires.
La ballena había sido vista nadar en círculo en el canal de acceso al Puerto de Buenos Aires alrededor de las 4.30 de la madrugada de ayer, pero a partir de ese momento se dejó de tener referencias sobre su posición en las aguas, según informaron ayer fuentes de la Prefectura Naval Argentina, la fuerza federal que patrulla las aguas.
Con el fin de continuar con las tareas tendientes a guiar al cetáceo hacia el mar, su ámbito natural, se había irradiado un alerta a todas las embarcaciones para que navegaran a velocidad mínima y que, en caso de divisar al animal, informen enseguida sobre su presencia, según indicaron fuentes de la fuerza.
Mar afuera o río adentro. "Si no se lo ve en la zona del puerto puede ser que haya salido a aguas abiertas o que se haya insertado río adentro", señaló el presidente de la Fundación Cethus, Miguel Iñíguez. Expertos en mamíferos advirtieron que la ballena, de unos seis metros de largo y dos años de edad, se encontraba delgada y con signos de estar enferma, por lo que su vida corría peligro en las aguas dulces del río de la Plata, lejos de su hábitat, donde podría alimentarse y curar las heridas que muestra en su piel.
El animal fue visto el lunes pasado en la zona de muelles de Puerto Madero y recién un día después pudo salir del Dique 4, a la Dársena Norte, para luego finalmente llegar al canal, el último paso hacia las aguas abiertas.
En esa tarea, Prefectura tenía destinados botes inflables, dos motos de agua, dos lanchas y un barco guardacostas para redirigirla al mar, mientras trabajaban junto a los integrantes de la fuerza expertos de la Fundación Cethus, dedicada a la divulgación y la conservación de cetáceos.
Las ballenas jorobadas, que alcanzan tamaños de entre 12 y 16 metros, habitualmente se alimentan en la zona antártica en época estival y migran en invierno hacia el nordeste de Brasil.
El paso frente al territorio argentino se da en la mayor parte de los casos por alta mar y no suelen frecuentar las costas, como si lo hacen los ejemplares de la especie ballena franca, que tiene uno de sus principales santuarios en la península de Valdés.