"Pedimos una sola cosa: recen por nosotros"
El santafesino Adrián Della Rosa, su mujer y sus dos hijos permanecen aislados en Japón, en una zona altamente peligrosa por su cercanía a las centrales nucleares de Onagawa y Fukushima.

Miércoles 16 de Marzo de 2011

El santafesino Adrián Della Rosa, su mujer y sus dos hijos permanecen aislados en Japón, en una zona altamente peligrosa por su cercanía a las centrales nucleares de Onagawa y Fukushima. Quieren salir del país, pero no pueden, según explicaron.
  “Pedimos una sola cosa: la plegaria, solamente el rezo para nuestra familia”. Della Rosa, oriundo de la ciudad santafesina de Reconquista, su mujer y sus dos hijos quedaron atrapados en medio de una zona altamente peligrosa por su cercanía a dos centrales nucleares en riesgo por fugas radiactivas. “No hay una gota de combustible”, explicó Adrián.
  Por la cercanía con dos centrales nucleares, la casa que habitan los Della Rosa (Adrián, su mujer Alejandra y sus hijos de nueve y siete años) está en peligro. Los separan 70 kilómetros de la central de Onagawa y 115 de la de Fukushima, muy comprometida por los problemas que presentan sus reactores.
  La familia -–que el día del terremoto estaba separada porque Adrián había viajado a la ciudad de Kobe por cuestiones laborales y que tras largas horas en rutas desoladas y devastadas lograron reencontrarse– está recluida en su casa del pueblo Kahoku Cho, en Yamagata, región de Tohoku, muy cerca de Sendai, la ciudad arrasada por el tsunami.
  “La situación es complicada, muy difícil. A las réplicas del terremoto se le suma ahora el peligro del asunto nuclear. Tenemos prohibido salir a la calle”, dice Adrián. Y explica que “de no poder evitar salir a la calle, hay que ir con la piel totalmente cubierta de ropa, ya que no puede estar expuesta al medio ambiente por las posibles radiaciones. Hay que llevar guantes, barbijos, la cabeza tapada y botas de caña larga”. A esta situación se suma que el agua corriente no se puede beber por el riesgo nuclear.
  Adrián cuenta que con su mujer pasan la mayor parte del tiempo informándose e ideando un plan para salir de la zona. No pueden estimar cuándo llegará el combustible al pueblo, ya que la prioridad la tiene la destruida Sendai. “Todas las madrugadas hay que llegar temprano a consultar si llegó combustible, cargar inmediatamente el tanque y salir volando”, dice Della Rosa.
  La suegra de Della Rosa, que reside en Córdoba, contó: “Hoy hablé con ellos y estaban muy mal porque tienen que salir en bici a comprar agua. Está todo cerrado. A los chicos están dándoles gaseosa, pero racionada porque no hay. Alejandra –su hija– me dijo que estaban tomando mate pero sólo porque al agua la hierven. Quieren salir pero no hay medios para hacerlo”, indicó Margarita Sato.
  La mujer manifestó que se preocupó aún más cuando sintió que su hija hablaba en un tono raro, sabiendo que es una joven muy fuerte. “Tememos más por los chicos. Ellos no saben por qué se mueve la casa o por qué no tienen para comer. Mi hija está desesperada”, dijo. l