Viernes 10 de Octubre de 2008
Le Clézio no es un narrador de gabinete. En sus libros se percibe con intensidad el profundo interés que tiene por la realidad y por el destino del hombre. Su prosa seca aunque sensible y su mirada de despojado escepticismo lo convierten en uno de los testigos más lúcidos y autocríticos de la actualidad.
Viajero incansable, su inserción raigal en la cultura francesa no lo ha tornado ombliguista. El Tercer Mundo y específicamente Hispanoamérica forman parte central de sus intereses y son escenario de sus relatos.
Su mirada está siempre atenta a las culturas primitivas y regionales. La constante destrucción que padecen como consecuencia del mal llamado "progreso" es uno de los ejes sobre los cuales se desarrolla su áspero cuestionamiento de Occidente.
Si bien sus libros no resultan de sencillo acceso en la Argentina –hay que destacar la reciente publicación en el país de "Urania" y "El africano"–, acaso el otorgamiento del Nobel facilite el conocimiento de un escritor que hasta ahora era patrimonio de minorías.
Pero sus libros no merecen ese destino sino ser valorados por públicos amplios, habitualmente sometidos al bombardeo de la literatura chatarra, la crítica comprada y el bestsellerato. La palabra de Le Clézio tiene dimensión espiritual: su rescate de los valores culturales más hondos y su sesgada crítica del desastre provocado por la soberbia del imperio son herederos de la tradición humanista y continuadores del mensaje ético de Albert Camus.
Como ocurre con todos los escritores de real valor, Le Clézio justifica ser leído por cuestiones que exceden con largueza la esfera de la literatura.