Sábado 05 de Noviembre de 2022
Dos ecologistas pegaron sus manos en los marcos de dos históricas pinturas de Francisco de Goya en el museo del Prado de Madrid. El acto de vandalismo fue para denunciar la "falta de acción de las autoridades frente al calentamiento global". La policía española detuvo a las manifestantes, que dañaron los marcos de dos obras emblemáticas del arte español: "La maja desnuda" y "La maja vestida", par de pinturas fundamentales en la obra de Francisco de Goya (1746-1828). Las obras no tienen vidrio protector, pero en esta ocasión los atacantes no lanzaron puré de tomates o sopa contra las pinturas. La nueva tendencia de atacar obras de arte en nombre de la ecología se reitera: el viernes fue agredido un Van Gogh en Roma.
Los dos militantes al parecer no dañaron los valiosos cuadros, aunque sí los marcos, que son los originales, de inicios del siglo XIX. Antes de pegarse pintaron en la pared "+1,5ºC” entre las dos pinturas, en referencia al objetivo de calentamiento máximo que los científicos señalan como el umbral máximo tolerable.
Los museos españoles, como los de todo el mundo, están en la mira de los ecoactivistas o "ecoterroristas" para muchos. Han encontrado un canal de propaganda lanzando sopas y demás alimentos líquidos contra obras maestras del patrimonio artístico y pegándose a los marcos de ellas. Tras los ataques a obras de Botticelli, Van Gogh, Monet y Vermeer, en importantes museos de toda Europa, hoy le tocó el turno al Prado y a Goya, el máximo artista del siglo XIX español y tal vez europeo.
Pasada la una del mediodía, dos activistas del grupo español Futuro Vegetal, de 18 y 21 años, se pegaron a los marcos de "La maja desnuda" y "La maja vestida". Las célebres obras no cuentan con un vidrio de protección. Lo tuvieron en su día, pero se decidió que corrían más riesgos con él: una rotura podía rasgar la tela. Tampoco tienen vidrio "Las Meninas" de Velázquez.
Como es habitual, la acción fue grabada y colgada en las redes sociales. Según se aprecia en los videos, la vigilante de la sala en ningún momento trata de impedir que los jóvenes continúen con el acto vandálico. Es que al no ser agentes de policía sino vigilantes privados no pueden emplear la fuerza. Los agresores lo saben muy bien: estos grupos cuentan con buen financiamiento y tienen un equipo de abogados que los asesora. Si continúan estas agresiones, las naciones europeas deberían pensar en cambiar sus leyes y permitir que los guardias privados actúen de inmediato.
La vigilante de sala comunicó de inmediato lo que pasaba a su jefe y enseguida llegaron agentes policiales, que detuvieron a los dos jóvenes. No sin antes ser despegados de los marcos por personal de restauración del museo. Al parecer, desde que tienen lugar estos actos vandálicos en los museos, se ha instaurado un protocolo sobre cómo despegar a los "ecodelincuentes" de los marcos con disolvente.
El Prado cuenta con una brigada propia de la Policía Nacional en sus instalaciones, que se suma a la seguridad privada que se ocupa de controlar todos los accesos al museo. Hay arcos de seguridad en las puertas de las salas con las obras más valiosas. Pero este sábado sirvieron de poco: de haber querido, los dos activistas podrían haber provocado daños graves a las dos valiosímas pinturas.