Niña de 11 años fingió haber sido secuestrada para no rendir un examen de lengua
Una nena de 11 años, residente en Alta Gracia, Córdoba, simuló haber sido secuestrada para ocultar que había faltado a la escuela para evitar rendir un examen de lengua, informó la Policía.

Miércoles 27 de Mayo de 2009

 Una nena de 11 años, residente en Alta Gracia, Córdoba, simuló haber sido secuestrada para ocultar que había faltado a la escuela para evitar rendir un examen de lengua, informó la Policía.

El hecho ocurrió ayer en esa ciudad distante 35 kilómetros al sur de la capital provincial y fue esclarecido gracias al testimonio de un remisero que encontró a la pequeña en una ruta. La niña había llegado hasta su escuela en Villa Anisacate, localidad próxima a Alta Gracia, a bordo de un transporte escolar junto a su hermano de 10 años, pero nunca ingresó al establecimiento, sino que aparentemente se escapó por un alambrado y luego se fue a una parada de colectivos, donde se encontró con el remisero.

El comisario Fredy Barrera dijo que la Policía había comenzado a realizar rastrillajes en la zona cuando los padres denunciaron que la pequeña no había vuelto con su hermano de la escuela. Tras muchas horas de ausencia, al regresar a su casa “la nena dijo que estaba jugando al tejo en la cancha de básquet, que había aparecido una camioneta cuatro por cuatro de color negro, a toda velocidad y que dos sujetos la tomaron, la durmieron y se la llevaron”, relató Barrera.

Según la versión de la chiquita informada por el jefe policial, “después despertó sobre una mesa, donde la habían vuelto a dormir, y dijo que finalmente la habían abandonado sobre la ruta 5”. Cuando la Policía realizaba averiguaciones para determinar qué había ocurrido, se acercó un remisero y dijo que había llevado a la niña desde el sector del colegio hasta Alta Gracia, donde supuestamente tenía que ir a una maestra particular que nunca encontró. Como al llegar a Alta Gracia la niña no supo decir con precisión dónde quedaba la maestra, declaró el remisero, y tampoco habría querido decirle dónde vivía, el conductor la llevó a su casa, donde su esposa y su hija la cuidaron y le dieron de desayunar.

Finalmente, al pasar las horas, el remisero la llevó hasta un sector que fue señalado por la pequeña como su barrio. Los policías ya sabían para entonces que la nena tenía ese día un examen de lengua y con el relato del remisero completaron el cuadro. “La nena era demasiado firme en sus dichos. Lloraba y estaban todos preocupados por ella”, dijo Barrera.