Viernes 19 de Febrero de 2010
La laureada escritora y política Martha Mercader falleció anteayer a los 82 años. Sus restos fueron inhumados ayer a la tarde en el cementerio porteño de Chacarita.
Los familiares de Mercader, autora de la novela "Juanamanuela mucha mujer", le dieron su último adiós en el Panteón de Actores del cementerio porteño, informaron allegados a la escritora.
Esta novelista, ensayista, guionista y dramaturga, que fue distinguida en 1984 con el premio Konex y diploma al mérito en Literatura para niños, hacía más de cuatro décadas que era socia de Argentores.
Mercader, quien se desempeñó como directora de Cultura de la Provincia de Buenos Aires entre 1963 y 1966 y fue diputada por la Unión Cívica Radical (UCR) de 1993 a 1997, nació el 27 de febrero de 1926 en la ciudad de La Plata.
Entre sus obras de teatro se encuentran “Una corona para Sansón” y “Amor de cualquier humor”; mientras que para la televisión colaboró con “Los cuentos de Tía Ñaupa”, “Teleteatro del niño y su mundo”, “Cosa Juzgada”, “Rostros de perfidia” y “La jaula de la lujuria”.
Su interés por la comunicación también la llevó a la radio en la década del 60, cuando trabajó para “Mientras se hacía la patria” y “Los cuentos de Maricastaña”.
Mercader es autora de novelas como “Los que viven por sus manos”, “Solamente ella”, “Belisario en son de guerra”, “Donar la memoria” y “Vos sabrás”; y de los cuentos “Octubre en el espejo”, “De mil amores”, “La chuña de los huevos de oro”, “Decir que no” y “El hambre de mi corazón” entre otros.
En tanto que como ensayista escribió las obra “Cultura. Problema político de la provincia de Buenos Aires”, “Para ser una mujer”.
Mercader se definía como “una radical del año 1930” y así analizaba su paso por la política.
Afuera, un mundo. A los 26 años, Mercader, gracias a una beca, salió de La Plata y descubrió la Inglaterra de posguerra, el cosmopolitismo de Europa. “Londres fue un revulsivo, porque hizo que leyera a Margaret Mead, a Erich Fromm, a todo lo nuevo. Ahora es fácil hablar de identidad, pero yo me la formé a ponchazos, a golpes”, recordó.
Estuvo también en París y en Madrid, donde conoció a Juan Benet y a los correligionarios políticos del que luego sería su marido, Nicolás Sánchez Albornoz. Por eso “la vuelta a Argentina, la vuelta a los planteamientos parroquiales, fue desesperante. Y un año más tarde, en 1952, me casé con un europeo, con Nicolás Sánchez Albornoz, que estaba en Argentina con su padre”.
La aureola de exiliado de Nicolás Sánchez Albornoz, su aventura romántica, tuvo mucho que ver en su enamoramiento. “Me casé con un perseguido político que se había escapado del Valle de los Caídos, y yo también me movía en una ideología política similar, así que eso fue en parte motivo del encuentro y también en parte motivo del desencuentro, porque lo ideológico sólo, la amistad fácil, no es suficiente para tener vida de pareja. Tener en cuenta sólo la ideología me ha llevado más de una vez a equivocarme sentimentalmente”. Su matrimonio con Nicolás Sánchez Albornoz, con quien tuvo dos hijos, duró ocho años.
Revancha. Mercader pensó que el matrimonio le había hurtado tiempo para sí, que la crianza de los hijos había aplazado su vocación. Y para conjurar ese desamparo que a veces sobreviene a la divorciada, se puso a escribir. Y así inició una carrera de cuentista, de escritora de guiones para televisión, de entrevistadora. Hasta culminar en novelas de “largo aliento”. Antes había tenido un cargo público, “y eso aumentó mi autoestima”, una creciente seguridad que fue la responsable final de su maduración como escritora, aunque su divorcio acelerase el proceso.
“Yo me veía reflejada en la historia de «Juanamanuela mucha mujer», una mujer descendiente de vascos, cabeza dura y al mismo tiempo aguerrida, que sentó plaza de escritora, se divorció de un tipo topoderoso, y con hijos a cuestas y amores extramatrimoniales salió airosa. En el libro hablé de ella, no de mí, hablar de uno mismo es aburrido”, confesó en un reportaje que en 1984 le hizo el diario madrileño El País.