Lunes 02 de Junio de 2008
Aborígenes de Puerto Iguazú son reclutados por organizaciones criminales dedicadas a la trata de personas con fines de explotación sexual; una modalidad delictiva cuyos primeros síntomas, como si se tratara de un mal inevitable, comenzaron a aparecer hace unos tres años.
El juez en lo Correccional y de Menores de Posadas, César Raúl Jiménez, afirmó que "las empresas de turismo ingresaron al hábitat del hombre autóctono de estas tierras porque es muy rentable sacarse foto con el indio, y el nacional o el extranjero. Además, preguntan: «¿Cuánto sale aquella indiecita de 14 años o aquel indiecito de 16?»". Así la trata llegó a nuestros pueblos originarios por obra y gracia de la desigualdad y la pobreza, posibilitando la explotación sexual y el delito de trata en la Triple Frontera.
"Las comunidades indígenas no reconocen límites fronterizos entre naciones, constituyen una sola nación y sus integrantes suelen vivir meses en Brasil, Argentina o Paraguay para después levantar campamento y emigrar a otra aldea de algunos de esos países, sin que ninguna autoridad se percate o tome registro de estos movimientos, propios de costumbres que son ancestrales", señala el sitio territoriodigital.com.
Ese tránsito continuo y rotativo es aprovechado por las mafias para reclutar a originarios de esas tierras y trasladarlos, por lo general a bordo de costosos automóviles, hacia distintos puntos del país.
La modalidad delictiva se planifica sin dejar ningún detalle librado al azar. De acuerdo al lugar donde se encuentre la víctima elegida —en este caso Brasil o Paraguay—, la trasladan a territorio argentino, escala previa de diversos destinos de reclutamiento co- mo Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Patagonia.
En ocasiones, incluso, para evitar cualquier inconveniente con los controles migratorios, los aborígenes, conocidos como paisanos en la región, son llevados en precarias embarcaciones por la frontera hídrica hacia la Argentina o desde la Argentina a países limítrofes, en el caso de las organizaciones internacionales.
El delito de trata de personas en la Triple Frontera, más precisamente en jurisdicción de Puerto Iguazú y Ciudad del Este, se materializa por pasos clandestinos no habilitados o parajes conocidos, como Puerto Península, Picada Galeano y Guazú Cué.
En Misiones se detectaron casos de niñas y niños que fueron privados de su libertad en la zona centro y rescatados en Iguazú o San Vicente. En ese contexto, el juez no tiene dudas de que los mercaderes de la esclavitud sexual mueven a las víctimas en forma permanente, de un lado a otro de la tierra colorada.
"Misiones suministra un flujo constante de niños, niñas y adolescentes a países vecinos. Los principales proveedores son municipios como San Vicente, San Pedro, Jardín América, Eldorado y Posadas", señaló Jiménez.
El accionar. Los reclutadores focalizan su atención y radio de operaciones sobre las zonas rurales de la provincia, más precisamente en "familias de escasos recursos", que quedan expuestas por necesidades básicas insatisfechas al accionar inescrupuloso de estas bandas.
Esa red de explotación interna se combina con el turismo sexual infantil convirtiéndose en un negocio redondo para estas mafias en la zona de la Triple Frontera. En esa región, la explotación sexual de aborígenes es conocida como "turismo sexual exótico".
Se indicó que los interesados son turistas europeos que viajan a Brasil, Paraguay y Argentina en busca de aventuras sexuales con niñas y niños aborígenes.