Mil millones de espectadores atraídos el encanto que genera la monarquía
El “glamour” de la boda real, que en este caso marcará una nueva unión entre un príncipe y una plebeya, uno de los motivos para que madruguen incluso en Argentina.

Jueves 28 de Abril de 2011

Buenos Aires.- Más de mil millones de personas verán mañana en vivo la boda entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton, atraídas por la pompa, tradiciones y el encanto que genera la monarquía aún en sociedades muy republicanas.

Aun Argentina, el último país en mantener una contienda bélica con Inglaterra y que continúa con sus reclamos por Malvinas, sumará unos cuantos puntos a esa audiencia que seguirá a través de televisión e internet la llamada “Boda del Siglo”, aunque falten casi 90 años para que termine el Siglo XXI.

Los motivos para que un argentino madrugue con el solo objetivo de ver la ceremonia desde el comienzo -a las 7 hora argentina- está en la campaña de los medios, que harán un interesante negocio, y en el mencionado “glamour” de las bodas reales, que en este caso marcará una nueva unión entre un príncipe y una plebeya.

Por otra parte, uno de los lugares que más visitan los argentinos de turismo en Londres es el Palacio de Buckingham, donde esperan ansiosos presenciar el cambio de la tradicional Guardia Real.

Entonces, porqué no habrían también de hacerlo frente a sus pantallas, para ver a la familia real en pleno con toda su gala, el aún enigmático vestido de la novia y una procesión nupcial de 187 caballos con el fondo de 5.000 campanadas durante la ceremonia.

Los medios prometen detalles exclusivos desde la abadía, el palacio, la posterior cena privada en Clarence House y hasta desde el lujoso hotel Goring, que hospedará a la familia Middleton.

Las promociones mencionan muy por lo bajo que entre los 1.900 invitados figuran nombres irritantes para la audiencia local, como el gobernador de Malvinas, Nigel Haywood, y la ex primer ministro Margareth Thatcher, que gobernaba Inglaterra durante la guerra de 1982 y utilizó la conflagración para fortalecerse en el poder.

Pero si se trata de responsabilidades en ese tema -como en muchos otros del Estado británico- la visión no debe quedar en el primer ministro o el Parlamento, que son los poderes constitucionales, sino que debería elevarse a la soberana de Inglaterra, que desde 1953 es la reina Isabel II.

A diferencia de otras monarquías constitucionales europeas, en Inglaterra la reina mantiene poderes por encima de los organismos democráticos del Estado, como el poder de veto sobre decisiones parlamentarias y, por ser la cabeza de la Iglesia Anglicana, un cargo equivalente al Papa para los católicos.

Su poder está definido en el título completo de la Reina en Inglaterra: “Isabel II, por la Gracia de Dios y del Reino Unido de Gran Bretaña y Norte de Irlanda y de sus otros Reinos y Territorios, Jefa de la Commonwealth, Defensora de la Fe”.

De esa forma, además del frívolo barniz de la pompa, la festividad popular y las luces de colores que distribuirán los medios, la Boda Real tiene una trascendencia para la monarquía sólo similar a una coronación.

Al respecto, escritor e historiador Hugo Chumbita dijo que “la corona británica cumplió un papel histórico importante, porque sirvió para legitimar la transición del antiguo régimen monárquico y aristocrático a un sistema político representativo y burgués”.

“En vez de cortar la cabeza al rey, como hizo (Oliver) Cromwell en la primera revolución inglesa y los jacobinos de la Revolución Francesa, resultó más útil y elegante conservar la realeza como un símbolo de unidad nacional”, añadió.

Chubmita aclaró que “todo cambia, y hoy muchos británicos piensan que mantener la corona es caro, pero creo que sigue siendo funcional, también como una fórmula política para expresar los vínculos históricos y culturales con los países que fueron sus colonias”.

La elección de plebeyas por parte de los futuros herederos del trono -aún cuando, como en este caso, haya una generación de por medio- también aparece como una señal de unidad nacional.

Sobre esta cuestión, Chumbita consideró que “esta boda es muy provechosa para la industria de los medios y las revistas del corazón. Y en cuanto a que los príncipes elijan plebeyas para casarse, no se cuáles son las consecuencias pero no cabe duda que chicas como Catherine son una tentación”. (Télam)