Domingo 26 de Enero de 2020
desgarrador. Una mujer junto a su bebé, frente a la Guardia Nacional de México.
Peter Orsi
Associated Pres (AP)
Desde el puesto callejero donde su familia vende mole, asado y estofado de pollo, Miguel Angel Vázquez ha visto pasar todas las caravanas de migrantes y solicitantes de asilo centroamericanos de los últimos años, con miles de personas que huyen de la pobreza y la violencia con la esperanza de tener una vida mejor en Estados Unidos.
Luego de ver cómo efectivos de la Guardia Nacional de México y agentes antiinmigración disolvían la última en el umbral de su casa, llevando a hombres, mujeres y niños llorosos a los autobuses que los trasladaron a un centro de detención está seguro de una cosa. "Veo que ya estas caravanas no van a pasar??, señaló Vázquez, de 56 años.
Aunque las primeras pudieron cruzar el territorio mexicano e incluso recibieron ayuda humanitaria y de transporte de muchas comunidades y algunos funcionarios, el presidente Andrés Manuel López Obrador cambió su enfoque al inicio de este año en respuesta a la amenaza de Washington de subir los aranceles a sus exportaciones.
El resultado pudo verse el jueves en una carretera rural en Frontera Hidalgo, una ciudad del extremo sur de México, al otro lado del río Suchiate que marca la frontera con Guatemala y que cientos de migrantes, en su mayoría hondureños, cruzaron antes del amanecer. Los migrantes caminaron durante horas antes de pararse en el cruce donde está el puesto de comida Vázquez, aprovechando la abundante sombra en una carretera expuesta al sol tropical. Compraron toda la comida y los refrescos que tenía la familia y se comportaron con respeto, señaló la hija del propietario, Karen Vázquez Robledo.
Muchos de los migrantes cubrieron formularios no oficiales, sin ningún logo del gobierno, en los que expresaron su deseo de solicitar refugio y expusieron los motivos que los llevaron a salir de sus países. Sabían que a pocos kilómetros carretera arriba, un amplio despliegue de la Guardia Nacional de México los esperaba con escudos antimotines y la orden de no dejarlos pasar, pero tenían la esperanza de poder negociar. Entonces, cientos de efectivos de la Guardia Nacional avanzaron para quedar a menos 100 metros. La breve negociación se estancó y los migrantes se arrodillaron para orar y comenzaron a gritar consignas como "queremos pasar".
La Guardia Nacional avanzó golpeando sus escudos de plástico y se enfrentó a los centroamericanos. Hubo algunos empujones y se lanzó gas pimienta mientras acorralaban a la caravana. Muchos de los migrantes subieron a los 20 autobuses sin oponer resistencia. Mujeres que cargaban o sujetaban las manos de sus hijos rompieron en llanto. En total, las autoridades detuvieron a 800 migrantes, según un comunicado del Instituto Nacional de Migración. Otros se resistieron y fueron reducidos. Un paramédico atendió a una mujer herida tendida a un costado de la carretera. La calzada quedó llena de botellas, bolsas de plástico y ropa. Un hombre furioso, vestido con una camisa azul, gritó a los agentes: "Esta es una guerra contra los hondureños".
Portando banderas de Estados Unidos y Honduras al frente de la procesión, los migrantes habían estado caminando luego de cruzar el río Suchiate desde Guatemala al amanecer tras varios días varados allí. Antes de la confrontación, Aníbal, quien se negó a dar su apellido por temor a represalias, se comió una bolsa de papas fritas y se sacó los zapatos. Se integró a la caravana de mayoría hondureña a su paso por Guatemala. Preguntado sobre las declaraciones de López Obrador de que la migración debe realizarse de forma regular y ordenada, comentó: "Debería tener un poco más de misericordia. Vamos por necesidad, no vamos por ambición".