Lunes 30 de Junio de 2008
Pasaron 30 años del Mundial que la mayoría de los argentinos celebró, y sin
culpa, justo cuando se consumaba la peor masacre de la historia nacional. Pero llegó el momento de
desclasificar la trama política que estaba ahí, rasgando la superficie de la fiesta futbolera.
Quique Pesoa, rosarino y hombre de radio, conducía entonces “La
mañana entera”, por LT8. Como tantos, se embanderó con el Mundial, sin ningún atisbo de
crítica a la ferocidad de régimen. “Al que me hable mal de Menotti, quizá le pague el
entierro”, fue una frase que repitió en pleno fervor radial. “Este 30º aniversario me
sirve para volver a preguntarme, en una dramática autocrítica, por qué repetía esa frase estúpida,
qué me llevó a embanderarme”, expresó ayer Pesoa, antes de subirse al palco para oficiar de
locutor de “La otra final”, en River.
“Como hombre de medios, no puedo alegar ignorancia, algo sabía de
lo que estaba ocurriendo y tengo una responsabilidad”, abundó. La autocrítica de Pesoa, al
tiempo que enaltece al popular conductor rosarino, se vuelve sobre el conjunto de los medios de
comunicación de la época, en donde sigue prevaleciendo aquel principio que Luca Prodan inmortalizó:
“Mejor no hablar de ciertas cosas”.
Otro periodista y escritor con trayectoria, Juan Sasturain, presente en
River, dijo: “El festejo fue válido, futbolero, y si la dictadura lo inscribió como un
triunfo, visto en la serie histórica no le sirvió para mucho”, explicó.
También en la cancha estaba Miriam Lewin, periodista televisiva y
radial. En junio del 78 sobrevivía en manos de los marinos de la Esma. “Veíamos y
escuchábamos por una ventanita el fervor popular. Tras la final, a algunos presos nos sacaron en
autos y nos sumergieron en el mar de los festejos. Si le decía a la gente que estaba secuestrada
nadie me iba a creer”, señaló Lewin.