Máxima, la argentina que devuelve el brillo a la monarquía holandesa
Máxima recorrió un arduo camino hasta llegar a ser  reina consorte de Holanda.

Martes 30 de Abril de 2013

Amsterdam.- Con su carismática sonrisa, la argentina Máxima, es uno de los miembros más luminosos  de la Casa de Orange, pero debió recorrer un arduo camino hasta  llegar a ser  reina consorte de Holanda.

Hace once años, esta pequeña y rica monarquía europea la  recibió con preocupación debido al pasado de su padre, Jorge  Zorreguieta, alto funcionario de la dictadura argentina  (1976/1983).

El Parlamento holandés estuvo a punto de impedir su enlace con  Guillermo Alejandro, el rey de Holanda, tras la abdicación este  martes de la reina Beatriz. Finalmente se casaron en febrero de  2002, eso sí, sin la presencia de los padres de la novia, que  tampoco estuvieron en la fiesta de entronización.
“Máxima tiene un gran corazón y una gran capacidad para  conectar con las personas. Con esas cualidades será de gran apoyo  para Guillermo-Alejandro, quien junto a ella hará una buena  pareja para reinar”, señaló Beatriz, en un discurso el lunes, un  día antes de abdicar.

"Los holandeses no tardaron mucho en sucumbir a sus encantos“,  dijo a la AFP, Fred de Graaf, presidente del Senado.
Máxima, quien cumple 42 años el 17 de mayo, se adaptó a sus  obligaciones reales en tiempo récord: aprendió el holandés, la  historia y las leyes del país y una lista interminable de reglas  de protocolo y etiqueta.
Para satisfacción de los holandeses y de la prensa rosa, en  sus primeros cinco años de matrimonio tuvo tres hijas (Amalia,  Alexia y Ariana).

Los que la conocen desde su infancia cuentan que desde niña  fue “ambiciosa, segura de sí misma y vital”.
“De chiquitita era divina y tenía una simpatía que conquistaba  a todo el mundo. Con esa misma simpatía conquistó a los  holandeses”, cuenta a la AFP una amiga de sus padres, que  describe a Jorge Zorreguieta como “un dandy argentino con una  personalidad avasalladora que heredó Máxima”.

La transición de un apartamento del coqueto Barrio Norte  porteño de 120 m2, donde vivió durante su infancia y  adolescencia, a un Palacio de gigantescas dimensiones en La Haya  parece no haber sido nada traumática.
Sus padres, de la clase media-alta, pero “no adinerados” según  la amiga de la familia, hicieron esfuerzos para enviarla al  Colegio Northlands, uno de los más exclusivos de Buenos Aires, en  esa época únicamente para niñas de las familias más tradicionales  de Argentina.

“Era una líder, siempre destacaba. No fue ni la mejor alumna,  ni la más mona, ni la mejor en deportes. Destacaba por su gran  personalidad. Por su avidez por la vida, por comerse la vida a  bocados, por siempre a más”, dijo a la AFP una buena amiga del  Colegio inglés.
Durante su adolescencia enfrentó varios problemas con su  peso. “Engordaba y adelgazaba”, cuenta la amiga de sus padres.
Llegar a la cima de la aristocracia europea no fue el único  logro de Máxima.
La argentina se recibió de economista en la Universidad  Católica Argentina (UCA) y en 1996 se fue a Nueva York, donde  trabajó en el banco HSBC James Capel Inc., en el Dresdner  Kleinwort Benson y el Deutsche Bank.

Y gracias a su selecto círculo de amigas del Colegio conoció  en 1999 al príncipe Guillermo Alejandro, en la Feria de Sevilla.
Pero no fue amor a primera vista. “You are made of wood” (eres  de madera), le dijo Máxima al verlo bailar y el se enamoró, según  cuenta el libro de Máxima, Una historia real de Gonzalo µlvarez  Guerrero y Soledad Ferrari. Ella no tardó mucho en caer subyugada.
A partir de ese momento comenzó una minuciosa preparación para  convertirse en la esposa del rey de Holanda y madre de la  princesa, heredera a la Casa de Orange.
Todo bajo la égida y con el guiño de su suegra. Desde el  principio, Máxima cautivó a la soberana. Parecía la candidata  perfecta para enderezar a su primogénito, en ese entonces con  fama de amante de la cerveza y la vida nocturna.

El camino no estuvo exento de escollos. “Máxima tenía un  problema y ese problema fue su padre”, señaló De Graaf.
Las autoridades holandesas ordenaron una investigación al  especialista holandés en temas latinoamericanos Michiel Baud,  quien concluyó que si bien Zorreguieta “no estuvo involucrado  personalmente en la represión”, era casi imposible “que no  estuviera al tanto de nada”.
La pareja también debió salir al paso de críticas por sus  millonarias inversiones inmobiliarias en tiempos de crisis. En  2009 compraron una casa en Mozambique y el revuelo fue tal que  debieron venderla.

También compraron una villa en Grecia y una  propiedad en la Patagonia argentina.
Guilermo-Alejandro y Máxima enfrentan ahora el desafío de  demostrar la vigencia de la monarquía. Y con su  personalidad “avallasadora”, la reina consorte deberá cuidarse de  no opacar a su marido, el primero su generación en Europa en  convertirse en monarca.
“Ella es lo más positivo que le ha pasado a la monarquía de  Holanda”, consideró Jaime Peñafiel, experto español en realeza. (AFP-NA)