Martes 01 de Noviembre de 2011
Durante sus más de 350 años de vida, la Royal Society ha sido una vidriera de la ciencia. Su revista Philosophical Transactions, editada en 1665, se ha hecho eco de miles de investigaciones científicas, desde los pequeños avances a los grandes descubrimientos que han cambiado el curso de la humanidad. Su archivo se ha convertido en un auténtico tesoro para los amantes de la ciencia, que a partir de esta semana pueden consultar gratuitamente a través de internet todos los documentos de la prestigiosa institución británica, galardonada este año con el premio Príncipe de Asturias de comunicación y humanidades.
Se trata de más de 60 mil investigaciones firmadas por Isaac Newton, Benjamin Franklin, Charles Darwin, Thomas Huxley, Michael Faraday, Robert Boyle o Stephen Hawking, entre otros científicos de fuste.
"No hay nada más necesario para promover los avances de los asuntos filosóficos que la comunicación de los mismos", afirma el primer director de la revista, Henry Oldenburg, en la carta con la que presentó a los lectores el primer número de Philosophical Transactions, publicado el 6 de marzo de 1665.
Sus objetivos eran tanto animar a los científicos a seguir investigando como deleitar y fomentar el conocimiento de los ciudadanos británicos y de otras partes del mundo con los avances de la ciencia y los descubrimientos más ingeniosos y útiles, que serían transmitidos "de forma clara y veraz".
Así lo hicieron. Philosophical Transactions fue la primera publicación del mundo que cumplió con las estrictas normas de control y rigor que en la actualidad siguen las revistas científicas más prestigiosas. De hecho, fue el alemán Henry Oldenburg (1619-1677), el primer director de la revista, el primero que comenzó con la práctica de enviar los manuscritos que recibía su revista a expertos que pudieran valorar la calidad de los estudios antes de ser publicados.
Ni el gran incendio que arrasó buena parte de la ciudad de Londres en 1666, ni la voraz epidemia de peste bubónica que mató a 100 mil personas en Inglaterra entre 1665 y 1666, o incluso el breve encarcelamiento de Henry Oldenburg en 1667 (fue acusado de espía durante la segunda guerra con Holanda), pudieron acabar con la revista, que ha sido publicada de forma ininterrumpida desde 1665.
En la actualidad la Royal Society edita nueve publicaciones, entre las que sigue figurando Philosophical Transactions.
Entre los documentos más valiosos que pueden consultar los lectores está la primera investigación de Isaac Newton, en la que explica el revolucionario descubrimiento que hizo en 1672: el color es una propiedad inherente a la luz y la luz blanca está compuesta por una mezcla de otros colores.
El joven Darwin. Los internautas también podrán consultar los trabajos llevados a cabo por un joven Charles Darwin. Aquellos que deseen profundizar en la obra del naturalista tienen a su disposición desde el pasado mes de junio la biblioteca de Charles Darwin que la Universidad de Cambridge digitalizó y a la que también se puede acceder de forma gratuita a través de internet.
Darwin no fue el único miembro de su familia que se dedicó a la ciencia. Su primo, Francis Galton, descubrió en 1891 que las huellas dactilares eran un rasgo distintivo de las personas y podían ser utilizadas para su identificación. Poco después, Scotland Yard comenzó a utilizar este método, que fue extendiéndose a todo el mundo.
En 1666 Thomas Coxe describía una de las primeras transfusiones de sangre realizadas en la historia. Los pacientes fueron dos perros, uno de ellos sano y el otro con sarna. Coxe quería comprobar si esta enfermedad podía transmitirse a través de la sangre, de modo que realizó una transfusión al perro sano con sangre infectada. Antes, alimentó al perro enfermo con queso y leche. Al cabo de diez días, el perro enfermo se había curado. El que estaba sano no enfermó de sarna, a pesar de la transfusión con sangre infectada.
Tampoco tiene desperdicio el relato del doctor Nathan Fairfax sobre una mujer que, aconsejada por unos vecinos, se tragó una bala con la esperanza de aliviar sus problemas intestinales. Corría el año 1668 y finalmente, la mujer expulsó la bala por la orina.
El biólogo Thomas Huxley resumía así en 1870 la importancia del conocimiento acumulado en el archivo de la revista de la Royal Society: "Si todos los libros del mundo, excepto Philosophical Transactions, fueran destruidos, podemos afirmar con seguridad que los fundamentos de la ciencia permanecerían y que el vasto progreso intelectual logrado durante los dos últimos siglos se conservaría en su mayor parte, aunque quedase incompleto".