Jueves 23 de Febrero de 2012
“Vi venir al tren y empecé a gritar porque me di cuenta de que su velocidad era anormal para la curva de las vías previa a la plataforma. Las otras personas que estaban en los andenes creían que yo estaba loco. Pero lo vi todo”, resaltó Alfredo Velázquez, de 33 años, quien permanecía en uno de los andenes de la estación cuando ocurrió el accidente ferroviario.
“Se abrieron las puertas de la formación, pero las personas aplastadas en los vagones gritaban de desesperación, por lo que rompí dos ventanas a patadas y saqué a varias mujeres”, relató Velázquez, quien dijo haber visto los cadáveres de cuatro pasajeros “en el segundo vagón” del tren. El hombre, aún nervioso, precisó: “Vi a dos mujeres de unos 40 años y dos jóvenes de 28 fallecidos”.
“Había sangre por todos lados y, en muchos casos, las cabezas de los pasajeros habían quedado aprisionadas por los marcos de las ventanas”, detalló Velázquez, quien agregó que las lesiones “más comunes” entre los viajeros eran “las fracturas”.
Un pasajero que viajaba en el tercer vagón del tren relató el momento de la colisión: “Estaba parado y sentí un estruendo tremendo, como el de una explosión, y volé al menos diez metros. Caí en el interior de otro vagón, porque íbamos en una formación vieja, de las que no tienen puertas divisorias”. “Encima de mí, cayeron otras personas y, no sé cómo, pude salir de la base de esa montaña humana”, enfatizó Marcelo Ordóñez, de 37 años.
Precisó que, pese a quedar “mareado”, rompió ventanas a través de las cuales comenzó a sacar a “mujeres y niños”.
“Las escenas eran tremendas: gente ensangrentada y fracturada por todos lados, y gritos con pedidos de auxilio desgarradores”, concluyó.
“Se sintió una explosión terrible, yo me encontraba en el medio del furgón y toda la gente se me vino encima”, señaló Teresa, quien se había subido a la formación en la localidad bonaerense de Ciudadela. Y añadió que “en Floresta el tren se pasó de la parte donde están los andenes y tuvo que retroceder”.
Lo mismo comentó Elizabeth, quien describió que “inmediatamente después de sentir como una explosión se rompieron los vidrios y comenzaron los gritos”. “Yo subí en Floresta, me di cuenta de que el tren había tenido que retroceder pero no me importó, uno no se imagina que pueden pasar estas cosas”, declaró. Cristian, otro pasajero que también ascendió en Floresta, observó que “el tren se tuvo que volver hacia atrás para que podamos subir desde el andén”.”Cuando estábamos llegando a Once, me di cuenta de que no estaba frenando e inmediatamente sentí una explosión. Todos nos caímos arriba de otros. Yo me fracturé, pero todos los que viajaban se golpearon en algún lado”.
Paulina no notó nada extraño en el andar del tren: “Frenó perfecto en todas las estaciones, hasta que cuando llegó a Once no frenó”. La mujer, que se lastimó la pierna derecha, comentó que iba en el quinto vagón y que “de repente se sintió una explosión y todos se me cayeron encima”.
Habían pasado tres horas desde que el tren de TBA se estrelló contra la cabecera del andén de Once. Los heridos leves habían salido por sí solos y los más graves esperaban la ayuda de los bomberos y del Same. Los gritos y las corridas pidiendo paso no paraban en el hall de la estación. “¡Silencio! ¡Silencio!”, empezaron a gritar de golpe y adentro de los vagones. Los rescatistas tenían la peor tarea: identificar si las víctimas que aún estaban allí seguían con vida. No hubo respuesta. Fue el peor momento de la tragedia. Uno a uno, los cuerpos fueron sacados de entre los hierros torcidos y puestos en bolsas negras. l (DyN y Télam)