Literatura, feminismo y romances: se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Victoria Ocampo
La escritora nació el 7 de abril de 1890 en Buenos Aires, donde vivió junto a sus hermanas. Fue fundadora de la legendaria revista Sur.

Miércoles 07 de Abril de 2021

Victoria Ocampo fue de las primeras feministas de la Argentina. Activa defensora de los derechos de la mujer, en su legendaria revista Sur le dio la oportunidad a muchas de las escritoras que no eran publicadas en sus países de origen de que se leyeran sus líneas. También editó textos de extranjeros para que puedan salir a la luz en Argentina. Vivió una vida llena de literatura hasta su fallecimiento, el 27 de enero de 1979 a los 88 años.

El primer libro que publicó fue De Francesca a Beatrice, editado por la Revista de Occidente, antes había difundido varios textos suyos sueltos. Sin embargo, las ambiciones de Ocampo en su niñez no iban por el lado de la escritura, aunque era una asidua lectora más allá de que su madre no la dejase. De chica soñó con ser actriz. Aquella idea se volvió trunca, “consideré mi vida fracasada” había contado en algún momento la protagonista, puesto que su padre se lo negó por completo.

Hija de Manuel Ocampo y Ramona Aguirre, el día de su nacimiento data de hace más de un siglo atrás, más específicamente un 7 de abril, hace 131 años. Victoria era la mayor de seis hermanas, las cuales se llamaban Angélica, Francisca, Rosa, Clara, quien falleció desde pequeña por una diabetes infantil lo cual sumió a la escritora en una gran depresión, y Silvina, quien se dedicó a lo mismo que su hermana mayor y contrajo matrimonio con Adolfo Bioy Casares.

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Los Ocampo, educación y romances

La familia Ocampo no pasa inadvertida en la ciudad de Buenos Aires, ya que fue una de las primeras que se asentaron en la localidad. El bisabuelo del clan donó grandes sumas de dinero al Cabildo para dar su apoyo a la Revolución de Mayo y mantuvo una fuerte relación de amistad con Domingo Faustino Sarmiento. De gran poder adquisitivo, aristócratas y conservadores, las tradiciones familiares le dificultaron a Victoria Ocampo salir de los esquemas que le imponían sus antecesores para lograr cumplir sus sueños.

Recibió educación en su propia casa, como acostumbraban a hacer las familias pudientes de la época. Las institutrices acudían a la residencia de los Ocampo y brindaban todos los conocimientos a las hermanas. Victoria, particularmente, primero aprendió a hablar en francés, más tarde inglés y por último español. El tenis y la música de Chopin se volvieron sus pasatiempos predilectos, así como también la lectura que, más allá de que su madre no concibiera tal actividad, Ocampo ocultaba sus libros debajo de la almohada.

Al crecer, conoció a Bernardo “Mónaco” de Estrada con quien se casó cuando ella tenía 22 años. Era lo que se acostumbraba en aquellos tiempos más allá de que Victoria Ocampo siempre había tenido esa dicotomía entre contraer matrimonio o no, pues no concebía la idea de la mujer sirviendo al hombre ya que lo consideraba como una especie de esclavitud. Tras su luna de miel en Europa, volvieron a Buenos Aires en 1914 pero no de la manera en que todos esperaban, pues regresaron separados -legalmente pudieron estarlo recién en 1922-. La pareja, que ya no lo era, sólo se mostraba en conjunto para reuniones sociales de gran importancia.

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Mientras estaban en Roma en su viaje de novios, Victoria conoció a Julián Martínez, primo de su marido, por el cual quedó completamente obnubilada. No fueron muchas las veces que se cruzaron mientras Ocampo estaba casada con Estrada, no obstante, luego estuvieron juntos durante 13 años, hasta convivieron en la ciudad costera de Mar del Plata por unos meses.

Los inicios literarios

Aunque en 1924 Ocampo publicó su primer libro, que fue De Francesca a Beatrice, años antes había escrito un artículo para el diario La Nación que se tituló Babel, en la cual realizaba una crítica al Canto XV, El Purgatorio, de La Divina Comedia de Dante Alighieri, por quien la escritora sentía una gran y profunda admiración. En aquel apartado habló también sobre las desigualdades sociales.

José Ortega y Gasset fue una de las personas más importantes para el crecimiento de Victoria Ocampo en la literatura. El filósofo y ensayista llegó a Argentina en 1916 y convenció a la también editora en perfeccionar su español pues estaba siendo criticada por grupos nacionalistas debido a su utilización del francés en algunos pasajes. Él fue quien le publicó su primera gran obra. Para 1926, Ocampo lanzó La laguna de los nenúfares, fábula escénica de doce cuadros.

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El nacimiento de Sur

“Te vas a fundir, Victoria”, le dijo su padre cuando la escritora le contó la idea que tenía de llevar a cabo una revista literaria y editorial en la que tanto escritores jóvenes argentinos y extranjeros tuvieran la posibilidad de tener un lugar en las páginas de una revista y así otros pudieran descubrirlos. El primer ejemplar de la revista salió a la luz el 1 de enero de 1931 gracias al impulso que le dio el novelista Waldo Frank.

Cada edición de la revista contaba con colaboraciones de distintos personajes, de los cuales algunos eran conocidos y dejaban entrever los conflictos que estaba atravesando la literatura, y otros que, hasta aquellos momentos, nadie conocía su nombre. Uno de estos últimos fue Julio Cortázar, que en una ocasión explicó refiriéndose a la revista: “Nos ayudó a los estudiantes que en la década de 1930 al 1940 tentábamos un camino, titubeando entre tantos errores, tantas abyectas facilidades y mentiras”.

Entre los colaboradores que tuvo la revista Sur en toda su historia se encuentran Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Bianco, Waldo Frank, Henry Miller y Octavio Paz, entre otros. A su vez, Borges y Bianco fueron secretarios de redacción así como también lo fueron en ocasiones Ernesto Sábato, Raimundo Lida, María Luisa Bastos, Nicolás Barrios Lynch y Enrique Pezzoni.

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Por su lado, la editorial Sur fue un proyecto aparte que tuvo origen en 1933 y la misma se dedicaba a llevar la literatura extranjera de la época al pueblo argentino. Así, llegaron a traducirse por primera vez para el país textos de D.H Lawrence, Federico García Lorca, Virginia Woolf y Albert Camus.

En cuanto a la política, con el paso del tiempo, Sur se declaró una revista completamente antiperonista por lo que le trajo ciertos problemas cuando Juan Domingo Perón fue el presidente de la nación. Aunque no tantos problemas a la revista sino a Victoria Ocampo, quien llegó a ser detenida y allanada mientras se encontraba en Mar del Plata. Medios de todo el mundo, incluido The New York Times, se hicieron oír exigiendo la libertad tanto de Ocampo como de todas las mujeres y también autores que estaban encarcelados injustamente. La escritora, más allá de haber sido liberada, continuó bajo los ojos del gobierno.

Fue en el año 1936 cuando interpretó a Perséphone en la ópera de Stravinski que se llevó a cabo en el Teatro Colón. En una oportunidad y muchos años después, el compositor le pidió a Ocampo que vuelva a representar a la protagonista de la pieza en presentaciones a realizarse en Italia y Estados Unidos, sin embargo la misma policía le denegó el certificado de buena conducta para que pueda renovar el pasaporte y viajar al extranjero.

La lucha femenina de Ocampo

El mismo año que protagonizó la obra de Stravinski presidió y cofundó la Unión Argentina de Mujeres junto a Susana Larguía y María Rosa Oliver. Una de las primeras conquistas que lograron fue impedir que se promulgue la reforma de la ley 11.357 del 1926 que decía que las mujeres que estaban casadas ya no podían gozar de derechos civiles. Esto se llevó a cabo tras una conferencia que contaba con la voz de Victoria Ocampo y que se transmitió en Buenos Aires y en Madrid.

Los objetivos de aquel movimiento estaban claros, pues se buscaba otorgar y reafirmar los derechos civiles y políticos de la mujer, incrementar leyes protectoras de mujeres en la industria, la agricultura o el servicio doméstico. A su vez se solicitaba amparo a la maternidad, protección del menor, desarrollo cultural y espiritual de la mujer, la paz mundial y disminución y prevención de la prostitución.

Dos años después de su creación, en 1938, Ocampo renunció a la agrupación por motivos internos en los cuales algunas mujeres que formaban parte de la misma lo utilizaban para beneficios políticos.

Invitaciones, actos y reconocimientos

De los tantos logros que alcanzó Ocampo, uno de ellos fue el de ser la primera mujer que obtuvo la licencia de conducir en el país. Por otro lado, en 1946 fue invitada a los Juicios de Núremberg en los cuales se condenaron a los criminales de la guerra nazi, fue la única latinoamericana que se hizo presente en el lugar.

En 1958 le otorgaron la posibilidad de formar parte del Directorio del Fondo Nacional de las Artes, lo cual hizo hasta 1973. Este último fue el año en el que donó su casa en la que habitó en San Isidro a la UNESCO, donde actualmente se encuentra el Observatorio UNESCO Villa Ocampo. A su vez, poseía una casa en Mar del Plata, la cual se conocía como Villa Victoria Ocampo, que hoy en día funciona como un centro cultural municipal.

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Por otro lado, otras de las condecoraciones que obtuvo Ocampo fueron internacionales, pues en 1962 el gobierno francés le otorgó el reconocimiento oficial de la Legión de Honor y Comandante de las Artes y las Letras, además de la Medalla de Oro de la Academia Francesa, mientras que el Imperio Británico la reconoció como Comandante de la Orden. La Universidad de Columbia le otorgó el Premio Maria Moors Cabot y las universidades de Harvard y Visva-Bharati de la India le dieron la mención a Doctor Honoris Causa.

Últimos años

Poco tiempo antes de su fallecimiento fue nombrada miembro de la Academia Argentina de Letras en 1977, quedando en la historia como la primera mujer siendo parte de la misma. Con la poca fuerza que le quedaba nunca dejó de trabajar, continuó publicando algunos artículos en Sur dedicados plenamente a las mujeres, y para 1978 alcanzó a finalizar la traducción de Oda Jubilar, obra de Paul Claudel, para publicarlo ese mismo año.

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Diagnosticada con cáncer de boca desde 1963, continuó ejerciendo su labor hasta que no pudo más, pues el 24 de enero de 1979 un médico acudió a su hogar para realizarle una inyección, la cual no soportó. Así, tres días después quedó en coma, falleciendo a las 9 de la mañana del 27 de enero de 1979 a sus 88 años de edad. Sin dudas, una mujer que luchó hasta el final por sus derechos y los de tantas otras, rompiendo esquemas dentro de una familia conservadora, dejando un matrimonio que no la hacía feliz. Pues nada la ha hecho tan feliz como sus conquistas literarias.