Lunes 28 de Abril de 2008
El Muro de los Lamentos, el santuario más sagrado de la religión judía, se mantiene firme desde
hace miles de años, pero en su parte superior hay piedras que corren el peligro de "desconectarse"
y caer, sostienen. Así lo advirtió Shmuel Rabinovich, rabino del muro, en conversación con BBC
Mundo.
"Las piedras originales del Muro de los Lamentos (ubicado en la ciudad vieja de Jerusalén),
aquellas en la que nos apoyamos en nuestras plegarias, son estables y firmes y no tienen problema
alguno desde hace 2.000 años. El gran problema lo tienen las más pequeñas, que están más arriba,
del siglo XIX", dijo.
Según Rabinovich, "la unión entre ellas, el pegamento que las mantiene juntas, se ha visto
perjudicado, al parecer por el clima". "Se ha salido en parte y, si no lo arreglamos en el correr
de los próximos meses, puede pasar que alguna piedra se salga del lugar", explicó.
Si bien aclara que no se trata de un peligro inmediato y que no teme que alguna piedra caiga
estos días sobre los fieles que oran en el Muro, no descarta "que suceda más adelante".
El Muro de los Lamentos, el único remanente de una de las murallas que rodeaba al Templo
Sagrado de Jerusalén, destruido en el año 70 por los romanos, es una estructura enorme de la que
únicamente una pequeña parte es visible sobre la faz de la tierra.
Según los datos que proporciona a BBC Mundo el arqueólogo Dan Bahat, especializado en el
santuario, el ancho de la parte abierta, la conocida de tantas fotografías del lugar, es de 57
metros, de un total de 488, la mayor parte de los cuales están bajo tierra en los así llamados
"Túneles del Muro".
La altura de la parte comúnmente conocida, la abierta, es de unos 40 metros, pero otra parte
está bajo tierra.
Los primeros ocho niveles -de un total de cerca de 10 metros de altura- son las piedras
grandes que datan de la época de Herodes, que construyó el segundo templo.
Luego hay filas de arreglos y agregados de la época islámica, sobre las cuales están las
piedras más pequeñas del siglo XIX: son las llamadas "piedras de Montefiore", a nombre de un
filántropo judío británico que construyó y activó en la tierra de Israel.
Sin embargo, Dan Bahat sostiene no haber hallado en ningún lado constancia histórica de que
realmente él haya sido quien agregó las piedras en cuestión al muro sagrado.
De todos modos, Bahat considera que "es una exageración hablar de peligro".
El rabino Rabinovich sostiene que el problema fue descubierto en la última revisión periódica
de las piedras del muro, mientras que Bahat afirma que "no hay ningún problema de verdad".
El arqueólogo Bahat es uno de los que suben, dos veces al año, hasta la parte superior del
muro, montado en una grúa, para revisar piedra por piedra.
El rabino indica que "tocamos cada piedra y ahí vimos el problema, que debe ser corregido
pronto", mientras que Bahat insiste en que "yo estuve arriba, ví las cosas y limpié. No hay
peligro".
Quizás sea cuestión de semántica y tono, casi de estilo. Bahat no considera que haya que
hablar de "problemas" si el tema es fácilmente solucionable; por su parte, el rabino del Muro de
los Lamentos aclara que, si bien no hay peligro de desmoronamiento inmediato, podría desprenderse
en algún momento alguna piedra y que ello debe ser evitado.
Limitaciones religiosas
Sea como sea, no se trata aquí de usar cualquier herramienta y aplicar cualquier sistema para
solucionar el problema, ya que cuando del Muro de los Lamentos se trata, hay limitaciones de
acuerdo a la Halajá o ley religiosa judía.
"Este es un muro sagrado y no se puede hacer nada que lo dañe, no se puede rasgar nada ni
quitar", aclara el rabino. "Sí se puede agregar, inyectar materiales que ayuden a fortalecer, pero
no sustancias químicas fuertes que puedan dañar".
Bahat es consciente de las limitaciones."Cuando subo y veo las plantas fuertes entre las
rocas, que no hacen bien, no las puedo arrancar, porque está prohibido, ya que sería como arrancar
de la santidad", nos cuenta.
Sea como sea, se siente privilegiado."Todo arqueólogo judío quisiera excavar alguna vez una
sinagoga. Yo me ocupo del muro, nuestro santuario más sagrado. Y eso, no es poca cosa".
Dentro de poco, volverá a subir en una grúa a revisar todas y cada una de las piedras del
muro. Espera no toparse con ninguna mala sorpresa.