Las otras formas del horror y una ayuda

Sábado 30 de Agosto de 2008

Saira Liaqat usa su ojo sano para guiarse mientras cepilla el cabello de una mujer. Su cara, cuya mayor parte derritió el ácido hace varios años, se enciende de vez en cuando con una sonrisa. Sus manos, en su mayor parte intactas, manejan con habilidad los rizos marrones de su cliente.

A sólo pasos de ella, Urooj Akbar limpia y pinta con diligencia las uñas de otra clienta. Su cara, marcada por el fuego que quemó el 70 por ciento de su cuerpo, es sombría. Resulta difícil decir si está triste o si, simplemente, es así como luce ahora.

Saira y Urooj están entre las muchas víctimas femeninas de los ataques con combustible o ácido. Este tipo de historia a menudo involucra a un pretendiente despreciado o desquiciado y suele terminar con una vida de desesperación y retraimiento para la mujer.

No en el caso de Saira y Urooj. Aunque no pueden escapar de los numerosos espejos, ni la mirada de las modelos en los afiches, dicen que han llegado a considerar al salón en el que trabajan como un segundo hogar.

Llegaron allí gracias a los esfuerzos de una fundación dedicada a ayudar a mujeres que han sido quemadas con ácido o fuego.

Hace aproximadamente cinco años, Masarrat Misbah, la dueña de una cadena de peluquerías de Lahore (la segunda ciudad en importancia de Pakistán), salía del trabajo cuando una mujer ataviada con un velo se acercó y pidió su ayuda. Cuando se quitó la prenda, Misbah vio por qué. "Vi a una muchacha que no tenía rostro", cuenta. La mujer dijo que su marido le había lanzado el ácido.

Anuncio salvador. Misbah decidió, entonces, poner un pequeño anuncio de periódico para ver si otras necesitaban ayuda similar.

Misbah se puso en contacto con Smileagain, una fundación italiana que da ayuda médica a las víctimas de esta práctica atroz en otros países. Con la ayuda de médicos paquistaníes, habilitó un hospital y un refugio especiales para las 240 víctimas registradas en Pakistán.

Aunque la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán reportó, en 2007, 33 mujeres quemadas con ácido y 45 con fuego, Misbah asegura que la gran mayoría de casos se quedan sin ser denunciados, o por el miedo de las mujeres atacadas o por la falta de recursos para asumir los costos de una demanda.

Saira (de 26 años) aún usa lápiz labial, y a menudo se encuentra contando su historia para las clientas que le preguntan. Aunque su marido está en prisión por intento de homicidio, los dos todavía están casados legalmente.