Aunque se convirtieron en emblemas del Vaticano por posarse en la Capilla Sixtina, su presencia preocupa: hay más de 40.000 ejemplares y aumentan los ataques en Roma
Jueves 08 de Mayo de 2025
Las gaviotas se han transformado en una postal infaltable del Vaticano, especialmente durante los cónclaves donde la Iglesia eligió al nuevo Papa. Con frecuencia, se las vio posadas en la chimenea de la Capilla Sixtina, justo en el momento en que miles de fieles aguardaban expectantes la señal del humo blanco o negro. La imagen, repetida en redes sociales y celebrada con humor en memes, les otorgó un lugar simbólico en la liturgia vaticana. Pero detrás del folclore, se esconde una problemática urbana de creciente preocupación en Roma.
Aunque su hábitat natural es el litoral, estas aves marinas han migrado tierra adentro, a unos 40 kilómetros del mar, para instalarse con fuerza en la capital italiana. Se estima que su número se cuadruplicó en los últimos años, alcanzando los 40.000 ejemplares. Colonizan monumentos, sobrevuelan plazas históricas y se alimentan de residuos urbanos, incluso de otras especies como palomas y ratas. Su presencia, lejos de ser inofensiva, ya representa una amenaza concreta para los habitantes.
En algunos sectores de la ciudad, como informó la asociación Earth, se registran más de 30 ataques de gaviotas por semana. Desde picotazos a turistas hasta intentos de arrebatar alimentos, el avance de estas aves genera molestias cotidianas. En enero de 2024, la escena de una gaviota atacando a una paloma liberada por el Papa Francisco en pleno Ángelus impactó al mundo entero y visibilizó el problema. A esto se suma su costumbre de anidar en balcones, terrazas o techos, desde donde “defienden” su territorio con agresividad.
Ante este escenario, el Ayuntamiento de Roma destinó un presupuesto de 4 millones de euros hasta 2026 para controlar su proliferación. Además, recomienda a los vecinos cerrar con redes o vegetación los espacios exteriores antes del período de reproducción —entre enero y febrero— para evitar que las gaviotas se instalen. Francesca Manzia, de la Liga para la Protección de Aves (Lipu), advirtió que una vez que anidan, “se sienten dueñas del lugar y pueden agredir a quien intente acercarse”.
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Así, las simpáticas gaviotas del cónclave, elevadas a ícono involuntario de la espera papal, son también protagonistas de un fenómeno que combina cambio de hábitat, abandono urbano y necesidad de políticas públicas urgentes. En la ciudad eterna, su vuelo ya no es solo parte del paisaje: es también un llamado de atención.