Sábado 18 de Noviembre de 2023
La ola de calor que afecta a Brasil, en especial a la ciudad de Río de Janeiro, registró temperaturas extremas y la sensación térmica bordeó este sábado los 59 grados, cerca del récord alcanzado el día anterior de 59.3º, según la estación meteorológica del Sistema de Alerta Río.
En el ayuntamiento de Guaratiba, en la zona oeste de la capital carioca, se dio el viernes “la mayor sensación térmica desde 2014”.
El último martes la sensación térmica había llegado a los 58,5º en la misma región de Río, según el Instituto Nacional de Meteorología (Inmet).
La previsión meteorológica da cuenta del riesgo de tormentas, con fuertes lluvias y ráfagas de viento, que podrían prolongarse este domingo.
Mientras, miles de habitantes y turistas colmaron las playas, para meterse en el mar, aún en horas de la noche.
En tanto, una espectadora de 23 años murió el viernes a la noche de un paro cardíaco provocado por la deshidratación durante el recital inaugural de la cantante estadounidense Taylor Swift. La gran estrella este sábado a la tarde anunció la cancelación del segundo espectáculo, previsto para anoche.
Ana Clara Benevides, estudiante de psicología de Mato Grosso do Sul, se descompuso después de haber pasado horas frente a las vallas del campo de juego del estadio Engenhao Nilton Santos, en una jornada de 39º y una sensación térmica en el barrio de Meier, zona norte de Río, que llegó a los 60º.
El caso conmocionó a Brasil y a la propia cantante, que expresó las condolencias en las redes sociales, al punto que debió intervenir el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para que en los shows sea permitido ingresar con botellas de agua y evitar otras tragedias.
El ministro de Justicia, Flávio Dino, anunció la apertura de una investigación contra la empresa T4f, productora del evento, debido a que se le prohibió al público ingresar con botellas de agua al show.
El diario Folha de Sao Paulo dio a conocer relatos de espectadoras en el campo de juego que pedían a los gritos agua o sal debido a que muchas estaban sufriendo de baja presión.
Según la cadena Globo, más de 1.000 personas sufrieron desmayos y debieron ser atendidas antes y durante el show a raíz del calor y deshidratación.
Dentro del estadio, en la zona norte de Río, los vasos de agua que se vendían costaban el equivalente a dos dólares y se agotaron rápidamente. Pero la empresa organizadora también fue acusada de no dar la atención adecuada a los desmayados.
14 Estados
Brasil se encuentra bajo una ola de calor extremo en 14 estados del sudeste y centro oeste provocado por los efectos de la corriente El Niño, y a la vez existen incendios forestales en el Pantanal, estado de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, cuyo humo y cenizas ha llegado a Paraguay, Bolivia y norte de Argentina, según la cadena Globo.
La ola de calor de noviembre fue cinco grados más que el promedio histórico para el mes, lo cual ha provocado grandes trastornos en el día a día de más de 2.700 ciudades donde viven 115 millones de personas, más de la mitad de la población del país.
Rocinha
Rocinha, la mayor favela de Río, vivió jornadas agobiantes. Uno a uno, los habitantes llegaban para hidratarse bajo una tubería de agua fresca en lo alto de la favela.
Expertos coincidieron en que los efectos son más agudos en los barrios más pobres, con una fuerte densidad de población y viviendas precarias separadas apenas por pasajes estrechos.
“Está muy caliente, agonizante, la luz falta a toda hora (...) Aquí, gracias a Dios, todavía hay agua. (Pero) dentro de poco se acabará”, dijo a la AFP Renato de Oliveira, un vendedor de 44 años, tras refrescarse con una manguera.
Dentro de las casas, sin aislamiento al calor y poco ventiladas, la situación solo empeora. “Se genera una sensación de sauna”, dice André Candido, de 52 años, un habitante de Rocinha.
Levantada sobre una colina en el sur de Rio, no muy lejos del acomodado barrio de Leblon, Rocinha está atravesada por calles empinadas y serpenteantes.
Bajo el sol ardiente del mediodía, varios albañiles empapados en sudor combatían las altas temperaturas “bebiendo mucha agua” y con duchas de manguera cuando podían, entre ellos Kleber Vital.
Sin respiro en la noche por la falta de electricidad, durmió con las puertas y ventanas abiertas, dijo Vital, de 38 años.
Los habitantes de Rocinha viven en casas bajas, de ventanas pequeñas y techos metálicos, “realmente no adecuadas para una condición de mucho calor” como la de la última semana, dijo Denise Duarte, profesora de la facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad de San Pablo.
Cortes de luz
Vecinos se manifestaron esta semana para protestar por los cortes de energía, que según algunos se debe al aumento de consumo y al aumento desordenado del crecimiento de la favela.
Telarañas de cables colgando de los postes de alambrado público evidencian las conexiones eléctricas informales.
“Las personas no pueden ni siquiera conectar un pequeño ventilador para suavizar el calor”, lamenta André Candido.
Las fallas eléctricas han causado “mucho sufrimiento”, dijo Benedito de Freitas, un ebanista de 68 años que citó casos de niños y personas mayores que enfermaron por el calor o pasan hambre debido a alimentos dañados en neveras inservibles por los apagones.
Algunos suben hasta lo alto de la colina, una zona boscosa donde sopla la brisa. Vienen a cargar agua o bañarse bajo un chorro de agua fresca que sale de una tubería oculta entre el follaje.
Es toda “una bendición”, dijo De Freitas.
Otra pareja disfrutaba de esta breve pausa refrescante: “Lo llevamos como podemos, con duchas y bebiendo mucho líquido”, dijo Maria de Alivamento. Para su compañero, Daniel Cunha, un empleado de almacén, esta fuente les supone también un “ahorro” de dinero.
Brasil ha sufrido en los últimos meses el impacto del clima extremo que los expertos atribuyen al calentamiento y al fenómeno El Niño: altas temperaturas, una sequía histórica en el norte e intensas lluvias acompañadas de ciclones en el sur del país.