La Rioja 2008: los grupos vocales o el aguante a la cultura
El canto vocal tiene mucho de artesanal, de cosecha hecha a mano, de esfuerzo realizado espalda con espalda. Y sus encuentros tienen el sabor de la amistad recogida y cimentada en base al compartir, a intercambiar experiencias y modos de vidas, estilos que sólo la gente que transita estos caminos es capaz de apreciar.

Sábado 18 de Octubre de 2008

La Rioja- El canto vocal tiene mucho de artesanal, de cosecha hecha a mano, de esfuerzo realizado espalda con espalda. Y sus encuentros tienen el sabor de la amistad recogida y cimentada en base al compartir, a intercambiar experiencias y modos de vidas, estilos que sólo la gente que transita estos caminos es capaz de apreciar.

Ahora fue el turno de La Rioja, adonde varios de los buenos grupos vocales del país acudieron ante la convocatoria de Librevoz y Aguablanca. El primero, uno de los referentes del movimiento que impulsó el músico Damián Sánchez allá por 1992 y cuyo guante fue recogido por varias agrupaciones que creyeron en la idea de que el canto vocal no estaba reservado a una elite, sino que representaba la esencia misma del canto popular.

Fueron tres noches que intentaron dejar reflejado el gran esfuerzo que significa para estos grupos recorrer, en algunos casos, miles de kilómetros para mostrar su producción en apenas 30 minutos de actuación. Porque, por ejemplo, no es menor el sacrificio de la gente de Formosa, Necochea, Bahía Blanca o Posadas para asistir a estas juntadas.

“Cada vez cuesta más organizar los encuentros. Hay que darles alojamientos y comida a un montón de gente y eso no es fácil en estas épocas. Lo que hace un par de años nos costó 8 hoy nos cuesta 20. Encima, te encontrás con gente que está en la política y que se llena la boca pregonando la cultura. Pero a la hora de brindar su efectivo apoyo, te da la espalda”, resume con un dejo de tristeza Nicolás Carrión, uno de los integrantes de Librevoz y una de las caras visibles de la organización.

Fueron tres noches a pura emoción en el nuevo teatro Víctor María Cáceres de la capital riojana. Librevoz abrió el encuentro con su tradicional estilo y su vigencia después de más de 20 años de trayectoria. Voz del Viento –una formación mixta en permanente crecimiento- trajo las postales misioneras al escenario al igual que sus pares de Enarmonía, un grupo que si bien se sumó a esta patriada en 2001, ya tiene un merecido lugar ganado por su trayectoria y por su calidad interpretativa. También se produjo el regreso de dos grupos que ya habían tenido intervenciones en los encuentros: la gente de Una más, de Necochea, y su línea vocal no tan cercana al folklore pero no por eso atractiva y con un color particular, y la joven formación de Pirca, un quinteto catamarqueño que se las trae.

Varios grupos locales dieron además de los organizadores su presente. Fueron los casos de Alborada –un cuarteto formado por médicos- y Algarrobal, una formación que levantó el aplauso sostenido por su calidad interpretativa.

El vocal Quintos de La Plata –ahora convertido en sexteto- demostró que el tiempo pasa pero la calidad mantiene su vigencia, y Hernán Lattanzio y su Vocalcanto, de San Nicolás, se guardó una ovación en el bolsillo con su particular estilo vocal.

También con dos nuevos integrantes se presentó el otro organizador, Aguablanca, dirigido por Alfredo Romero.

Para el cierre del encuentro los chicos formoseños de Asayé dejaron una vez más demostrado sobre el escenario su inmenso potencial y su calidez. Mientras que otro clásico de los encuentros, los bahienses de Raíces, deleitaron con sus voces. Las chicas de Las Pacheco también aportaron sus dulces voces en el cierre del encuentro.

Puro esfuerzo. Mucho sacrificio tras bambalinas. Demasiado para un hecho de la cultura que sigue siendo ignorado en muchos aspectos. Lejos de cualquier elite y del conformismo cultural de muchos sectores, pero increíblemente cerca de la gente. Una genuina expresión de música popular, poco habituada a recorrer los circuitos comerciales o festivaleros.

Eso son en definitiva los encuentros de grupos vocales. Una reunión de amigos, una juntada de gente que valora la cultura y le rinde su homenaje a través del canto, un movimiento que va contra la corriente chabacana y burda que desde muchos medios se intenta permanente y sistemáticamente vender y que está disfrazado de popular. Y que busca permanecer a pesar de la crisis, la desidia y el desconocimiento.