Sábado 17 de Marzo de 2018
Los personajes de los frescos de la Capilla Sixtina cobraron vida ayer, gracias a los efectos especiales creados para un espectáculo multimedia inaugurado en Roma, que invita a sumergirse en el universo del genio del Renacimiento, Miguel Angel.
El espectáculo, realizado con la colaboración del Vaticano, cuenta con la música original del músico de rock inglés Sting y utiliza tecnologías ultramodernas para conocer la célebre obra maestra del artista florentino. Dirigido por el italiano Marco Balich, conocido por las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Turín y Río de Janeiro, lleva como título "El juicio universal", que es la obra de Miguel Angel que se encuentra en la gran pared del fondo de la capilla Sixtina. Su recreación mezcla arte con entretenimiento, historia con teatro. De 60 minutos de duración, ha sido programado en el teatro de Vía de la Conciliación, en la avenida que conduce a la basílica de San Pedro y justamente a su famosa capilla Sixtina, visitada diariamente por unos 20.000 turistas.
Se trata de una experiencia especial, ya que tanto el escenario como las paredes y el techo del teatro han sido equipados con lienzos para proyectar fotografías en alta definición proporcionadas por los Museos del Vaticano. El objetivo es transmitir la sensación de estar sentado en medio de la magnífica capilla con una visión a 270 grados. Entre los jardines del Edén, Adán y Eva bailan mientras una exuberante vegetación sube por las paredes laterales hasta el techo. El arca de Noé zarpa en medio de la tormenta, mientras el diluvio castiga a los humanos.
"Tratamos de aplicar nuestro lenguaje tecnológico a un monumento de la Humanidad", explicó Balich. Los bloques de mármol se deslizan misteriosamente sobre el escenario y aparece un actor que encarna a Miguel Angel, frente a una enorme roca sin forma. "Todo está allá adentro, busco la belleza, la belleza es todo para mí, es mi obsesión", dice una voz fuera de campo. De ese monolito surgirá luego una escultura.
Tras esa génesis, aparece el Papa Sixto IV (1471-1484), quien decide restaurar una capilla medieval a la que le da luego su nombre ("Sixtina"). Para ello llama a grandes artistas de su tiempo, como Perugino, Botticelli y Ghirlandaio, todos pintores de fines del 1400, cuyas pinturas bíblicas aparecen en las paredes laterales. De enorme valor artístico, quedan opacadas para el ojo del turista actual por la obra de Miguel Angel, que ocupa tanto las "voltas", el techo abovedado, como la enorme pared del fondo.
En 1508 llega el florentino Michelangelo Buonarroti, de 30 años, para decorar con frescos el techo a pedido del Papa Julio II (1503-1513). Conocido como escultor, reconoce que será una locura pintar 1.000 metros cuadrados de techo (500 días hábiles de trabajo) sin conocer las técnicas de los frescos. Treinta años más tarde, otro papa, Clemente VII (1523-1534), le solicitará un fresco para el altar mayor, el Juicio Final, que será su obra maestra.
"Quiero comunicar con las generaciones más jóvenes para que entiendan que la belleza y el arte son valores importantes para entender las propias raíces", aseguró Balich. "Sesenta minutos es la capacidad de atención de las generaciones más jóvenes, si hablamos bien despertaremos su curiosidad", sostiene. El espectáculo será programado también a escolares y seduce con el místico preludio cantado en latín por Sting. Didáctico, imbuido de espiritualidad, el texto no peca de ligereza. "El Juicio Final - Miguel Angel y los secretos de la Capilla Sixtina", tuvo una preparación de dos años y medio y costó 9 millones de euros provenientes de fondos privados.