Martes 12 de Mayo de 2015
Un estudio de la Universidad de Kelle comprobó que los insultos no solamente sirven para comenzar una pelea, sino también para aliviar el dolor, soportar mejor las condiciones adversas y aumentar la confianza en uno mismo. En conclusión, una buena grosería al día nos ayuda a ser más felices, nada más y nada menos.
Eso es lo que dice Stephens, un psicólogo que dirigió un experimento con un grupo de 67 universaitarios. Les hizo meter las manos en agua helada y, a otro grupo, repetir la experiencia pero llenándose la boca de insultos. El resultado: el grupo que lo hacía en silencio podía tolerar menos tiempo el agua muy fría.
“Yo aconsejaría a la gente que digan groserías cuando se lastimen”, sostuvo Stephens, quien en realidad se basa en otro precepto científico: las malas palabras y los gritos en general hacen que las personas estimulen y aceleren la circulación y se liberen endorfinas. Esto genera una sensación de calma, control y bienestar.