Jueves 11 de Diciembre de 2008
Por una pajita rosa, Craig Ewert ingiere el cóctel mortal de somníferos. Luego, muerde el interruptor que 45 minutos después desconectará la respiración artificial. El hombre de 59 años no puede usar sus manos para activar el botón, porque éstas están paralizadas. Tan paralizadas, como pronto podría estarlo todo el cuerpo.
Pero el ex profesor quería ahorrarse a sí mismo y a su familia la tortura de la enfermedad neuronal degenerativa incurable. Delante de la cámara, recibe asistencia para su suicidio en una clínica de la controvertida organización Dignitas. Se despide de su mujer Mary y luego tienen efecto los medicamentos. Ewert muere. La cámara sigue grabando.
En abril de 2006, el profesor de informática jubilado, que residía en Harrogate, en el noreste de Inglaterra, recibió el diagnóstico demoledor: una enfermedad mortal paralizaría todo su cuerpo. "En el transcurso de entre dos y cinco años moriría", le dijeron los médicos.
Pero la enfermedad evolucionó más rápido de lo temido. En pocos meses, el profesor estadounidense estaba en silla de ruedas y ya no podía respirar por sí mismo, no podía mover sus brazos y tenía que ser alimentado por otros.
Por eso, el padre de dos hijos se decidió por el suicidio asistido con la organización Dignitas. El hombre permitió a un equipo de cámaras del ganador de un Oscar John Zaritsky grabar sus últimas horas en la clínica de Zurich, en septiembre de 2006.
Anoche a las 21, el horario de máxima audiencia, el documental "Right to die" contó con millones de telespectadores.
"Si quedara completamente paralizado, sólo sería una tumba viviente que recibiría alimentación por una manguera hasta el estómago", dijo Ewert antes del suicidio delante de la cámara. "Si no lo hago ahora, me decido por sufrir, por reforzar el sufrimiento de mi familia y por morir de una manera claramente más dolorosa".
Ya antes de la emisión, el documental generó indignación. Los guardianes de los medios se quejaron de una mirada unilateral y demasiado positiva del suicidio asistido.
Organizaciones contrarias a la eutanasia hablaron de un "macabro voyeurismo de la muerte", que glorifica el suicidio y oculta las posibilidades paliativas de la medicina.
"El suicidio es contagioso. Informaciones sobre él causan nuevos suicidios", dijo el presidente de la Fundación Deutsche Hospiz, Eugen Brysch.
"El documental es una escenificación reprobable". "De esta manera no se despierta el sentimiento de solidaridad de las personas sino sólo el voyeurismo", dijo Brysch.
El jefe de gobierno británico, Gordon Brown, hizo un llamado a los medios para que traten el tema de manera sensible y sin pretender el sensacionalismo. "Debemos garantizar que en nuestro país ninguna persona enferma o vieja se sienta bajo presión de aprobar este tipo de muerte", dijo. "Aquí se hace publicidad del suicidio asistido", se enfadó Phyllis Bowman de la organización "Derecho a vivir". Peter Saunders de la organización "Cuidar en vez de matar" cree que existe el peligro de que este tipo de programas llevan a que algunas personas se sientan presionadas a seguir el mismo camino.
La emisora Sky Real Lives, en cambio, defendió el documental. "El tema afecta a cada vez más personas y este documental da una visión informativa, fácilmente comprensible e instructiva", aseguró Barbara Gibbon, directora de la cadena.
También la esposa de Ewert, Mary, de 59 años, considera que la película es importante. "Si la muerte es privada y se esconde, las personas no se enfrentan a sus preocupaciones al respecto. Craig era un maestro. Y se puede decir que hizo esta película como maestro". l (DPA)
Inimputables
El rugbier británico Daniel James, de 23 años, quedó paralizado tras un accidente del juego. Sobrevivió un año paralizado del pecho para abajo. El 12 de septiembre murió en la clínica Dignitas, un centro especializado en suicido asistido. Los padres organizaron el viaje y estaban junto a él en el momento de la muerte, pero la Justicia británica decidió ahora no imputarlos.
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