Domingo 31 de Agosto de 2008
"La diferencia entre los católicos que había en el país en 1960 y los que hay ahora es de un 14 por ciento menos, pero no sé si el número es tan significativo. En casi 50 años se han transformado muchas cosas, hubo una sangría del catolicismo hacia los cultos evangélicos pero también grandes expresiones de fe como las cada vez más numerosas peregrinaciones a San Nicolás y un vuelco masivo hacia los Vía Crucis que celebra el padre Ignacio, sólo para poner ejemplos", sostuvo Daniel Siñeriz, un rosarino de 59 años que es párroco de las capillas San Joaquín y Santa Ana, del barrio Nuevo Alberdi Oeste, a La Capital.
Siñeriz explica esta merma de los creyentes: "Hay una palabra clave: la sensación de desamparo. Hay un vuelco masivo buscando al padre y a la madre que el Estado dejó de ser. En 2002, en una entrevista con Carlos Reutemann por un «acampe» en la plaza San Martín, le dije: ¿Quieren hacer algo para que la gente no insulte al gobierno? Reduzcan la sensación de abandono".
"Por otro lado, hay una transformación de la sociedad de consumo, que en algunos casos es patética, como las peregrinaciones al supermercado de los sábados y domingos. Son santuarios del consumo. Es una peregrinación constante: la gente se pasa horas en un lugar muy iluminado donde no sabe si es de día o de noche, ni si hace frío o calor. Es un planteo religioso", consideró el cura.
Menos casamientos. La gran mayoría de la gente bautiza a sus hijos, pero son cada vez menos los que se casan por Iglesia. "Una de las claves es que la gente rechaza el planteo mediador, pero no desaparece la fe. Y esto pasa en gran parte porque la institución se cree exenta de autocrítica. La carencia de autocrítica en una institución es un suicidio sociológico", sostuvo.
Son muchos los católicos que aceptan el aborto en casos de violación, malformación del chico o peligro de vida de la madre, según la encuesta del Conicet. "En el caso del aborto muchos tomaron conciencia de su propia responsabilidad y se sienten artífices de una madurez crítica, que significa tener una conciencia autónoma", señaló Siñeriz.
"También hay menos gente en misa por la falta de renovación en la manera de encarar el culto y por cierta incoherencia", advirtió.
La mayoría acuerda con el uso de anticonceptivos y preservativos, y con las relaciones prematrimoniales, según la encuesta. "Eso habla de una madurez. Los jesuitas y los guaraníes tenían su sociedad y economía bien planteada y cuando a una piba de 15 años le gustaba un muchacho de 16 se lo contaba al cura y formaban la pareja de la forma más simple y natural. En cambio, con el correr de los años hemos desnaturalizado un montón de cosas. Hasta que una persona alcanza la madurez económica tiene otras expresiones de la afectividad, y en eso también hay una maduración", consideró.