Domingo 17 de Octubre de 2010
José Henríquez, identificado como el líder espiritual de los 33 mineros rescatados desde el yacimiento San José, regresó ayer al lugar del accidente para ver cómo sus familiares esperaban su salida.
Fue el primer minero de los 33 rescatados, en volver junto a sus familiares al yacimiento San José para recoger sus cosas que permanecían en su casillero.
José Henríquez asumió el rol de guía espiritual entre sus compañeros por su apego a la religión evangélica, pidió 33 biblias y dirigía los rezos dos veces al día.
De 54 años de edad, trabajaba en la mina desde hace 33 años y el pasado mes de enero estaba presente en el interior del yacimiento San José cuando se produjo un escape de gas en el que él mismo sufrió un desmayo.
Ayer dijo que pese al accidente volverá a trabajar en las minas, porque es su profesión. “Tengo que buscar trabajo, tengo que seguir en lo mismo”, señaló.
“El minero que es minero echa de menos hasta la hediondez (mal olor) del explosivo cuando está sin pega (sin trabajo). Eso es algo innato que uno lleva. Mi padre fue minero por más de 40 años y nosotros seguimos con lo mismo. Yo creo que voy a tener que seguir en esto, no sé hasta cuando”, precisó.
Henríquez afirmó que en el encierro de más de dos meses a 700 metros bajo tierra, los 33 de Atacama se organizaron para desarrollar diversas labores.
“Ahí nos organizamos, supieron que yo era cristiano y me tocó aportar y llevarlos en la oración a todos mis compañeros. Yo soy un simple hombre de trabajo y no me pega el nombre de guía espiritual”, sostuvo.
Añadió que desea recuperar su vida normal. “A mi familia quiero llevarla a Talca (sur chileno), porque soy de allá, quiero estar unos meses descansando y después volver”, indicó.
Henríquez, que salió a la superficie a las 17.59 hora local del miércoles último, tiene dos hijas gemelas que lo definen como introvertido y cariñoso.
Hoy, familiares de los mineros participarán de un acto ecuménico en lo que fue el Campamento Esperanza, aunque no se ha informado si estarán los 33.
Ayer fue dado de alta del hospital de Copiapó Mario Sepúlveda, quien presentaba un cuadro vertiginoso, originado por estrés, pero ya se encuentra en perfectas condiciones. Quedó internado Víctor Zamora,por una lesión traumática en sus dientes.
Primeros testimonios. Luego del espectacular rescate, los trabajadores comenzaron a relatar los miedos, angustias y esperanzas que los invadieron durante los 69 días en que estuvieron a 700 metros de profundidad.
Mario Gómez, el más experimentado y de mayor edad de los 33 trabajadores, fue el primero que envió una carta a la superficie luego de que la sonda hizo contacto con el fondo de la mina, en la mañana del 22 de agosto.
“Ahora quiero descansar, visitar y estar con toda mi familia, que estuvo sufriendo tanto. Siempre tuve la fe de que iba a salir. Dios siempre estuvo con nosotros”, manifestó desde el hospital de Copiapó al diario La Tercera.
Durante su encierro en el fondo del yacimiento presentó complicaciones de salud debido a una neumonía que, según dijo, se inició por una corriente de aire que se formó cuando el sondaje definitivo rompió la losa, cuatro días antes de salir.
Por lo tanto, cuando bajaron dos paramédicos durante el rescate, se decidió que uno de ellos se preocupara solamente de él y fue preparado por medio de ejercicios para que su sistema respiratorio resistiera el ascenso sobre la cápsula Fénix 2.
Para asegurar un buen ascenso a la superficie, también se le puso una máscara de oxígeno durante el trayecto.
El encierro también le afectó la dentadura, por lo que se le practicó una cirugía dental por un problema en sus muelas.
Richard Villarroel, de 23 años, en una entrevista con TVN dijo que “el peor momento fue cuando cayó el segundo bloque, ahí fue el mayor miedo porque se cerró por completo la mina. En ese momento pensé que no iba a volver a ver a mi señora y que no iba a poder ver nacer a mi hijo”.
Tras su llegada al hospital de Copiapó, en diálogo con el periódico británico The Guardian, el mecánico explicó que antes del primer contacto “estábamos esperando la muerte, nos sentíamos muy flacos. En ese momento tenía miedo de no cumplirle a mi bebé que está en camino”.
En la entrevista que fue difundida en Inglaterra, Richard Villarroel comentó que “estábamos consumiendo nuestros cuerpos en el trabajo que desarrollábamos en movimiento. Por no comer bien —dijo— comenzamos a adelgazar más cada vez”.
Consultado acerca de si antes de ser rescatados alguien temió por canibalismo, el joven mecánico explicó que mientras estuvieron atrapados y antes de hacer contacto con la superficie, “nadie hablaba de eso. Pero una vez que la ayuda llegó, se convirtió en un tema de broma, pero sólo una vez que nos encontraron. Hasta entonces, no se habló de canibalismo”.
Para Osmán Araya, hacía cuatro meses que trabajaba en la mina, lo que los mantuvo con vida fue “la fe”.
“Jesucristo fue mi único héroe”, dijo, cuando se le pidió que destacara a algún compañero que jugó un rol clave durante el encierro.
Luego de que hicieron contacto, Araya envió videos a sus hijos prometiéndoles que “nunca los dejaré, lucharé hasta el fin para estar con ustedes”.
Araya, oriundo de Limarí, fue sometido a una cirugía bucal para extraerle dos piezas premolares que resultaron dañadas producto de las caries durante los días del encierro. l (DPA, AP y Reuters)