Domingo 27 de Abril de 2008
La ciudad de San Giovanni Rotondo, en la Pulia italiana, está preparada para recibir la avalancha de millones de peregrinos y admiradores, curiosos y de quienes buscan hacer negocio. Las 9.000 camas de la localidad, convertida en un centro hotelero con 120 hostales, están ocupadas, y para los próximos seis meses están reservadas las 730 habitaciones disponibles.
El motivo es que ayer se han puesto en exposición para los fieles los restos del Padre Pío, quien descansa en un ataúd de cristal.
El monje capuchino, fallecido hace cuatro décadas, no sólo es el santo más popular entre los italianos.
Peregrinos de todo el mundo llegan a San Giovanni Rotondo para convertir a la localidad de 26.000 habitantes en uno de los sitios religiosos más visitados.
Frente a la critpa de la iglesia de Santa Maria delle Grazie, los vendedores ofrecen rosarios del santo con estigmas en las manos y camisetas y cerámicas con su retrato. También es posible comprar en todas partes estatuas de este hombre declarado santo en 2002 y famoso por sus milagros y profecías.
A los compradores no les importa si es cierto o no que el Padre Pío tenía los estigmas de Cristo. Así lo creen.
El diario de centroizquierda La Repubblica, se refirió al fenómeno con un título muy significativo: "Entre el negocio y el milagro".
A principios de marzo fue abierta su tumba, el santo exhumado y sometido a tratamiento para su mejor conservación. "La barba y las cejas siguen ahí, y su barbilla está en perfecto estado", indicó con cierto entusiasmo el arzobispo de Manfredonia, Domenico D’Ambrosio.
La parte superior del cráneo fue reconstruida por expertos del museo de cera de Madame Tussaud con una máscara que no oculta, sin embargo, lo que para los críticos es un nuevo nivel en la comercialización del capuchino Padre Pío.
Cada año peregrinaban hasta su tumba unos siete millones de personas.
La apertura de la tumba, administrada por los capuchinos, 40 años después de su muerte se realizó además en el aniversario de la primera aparición de los estigmas, en 1918.
Aunque algunos admiradores del Padre Pío lo ven como una "profanación", los capuchinos y el arzobispo hablan de una "responsabilidad histórica" de conservar los restos del santo y protegerlos de la humedad.
El prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, cardenal José Saraiva Martins, encabezó la procesión a la cripta, se inclinó ante el sepulcro, pronunció una plegaria y esparció incienso sobre el ataúd. "Fue un modelo ejemplar de hombre, de cristiano y sacerdote", había señalado durante la misa ante miles de creyentes en honor al Padre Pío.
Es posible que viaje para verlo, incluso, el Papa Benedicto XVI. El Padre Pío es venerado por los italianos casi al mismo nivel que María, pero el Vaticano mantuvo distancia durante mucho tiempo de él.
Pese a las considerables dudas (incluso dentro de la Iglesia) sobre la autenticidad de los estigmas, el número de peregrinos no hizo más que aumentar.
Cuando murió a sus 81 años, acudieron a su entierro 100.000 personas.
Durante su beatificación en mayo de 1999 la Plaza de San Pedro quedó pequeña para recibir a los millones de personas que acudieron. l (DPA)