Martes 29 de Abril de 2008
El caso de Elisabeth Fritzl hizo que muchos cuestionaran que los vecinos y autoridades no notaran nada raro "en la casa de los horrores" que había a sus pies, sobre todo debido a que Fritzl construyó durante todos estos años extensiones de la celda secreta.
"La comunidad de Amstetten, incluida su población, debería avergonzarse. Los vecinos miraron, muy a conciencia, hacia otro lado", escribió el periódico Oesterreich en un editorial. El diario Der Standard añadió: "Todo el país debe preguntarse qué está haciendo, esencialmente, mal".
Una doble vida. Por su parte, el jefe policial Polzer dijo que Fritzl había llevado una "doble vida" durante 24 años.
"Nos engañó a todos," dijo a periodistas. "Este hombre, quien ya tenía una familia con siete hijos de su mujer, tenía en su sótano siete otros hijos de su propia hija", agregó.
Otra incógnita es cómo la esposa de Josef, Rosemarie, pudo haber ignorado lo que ocurría.
La policía dijo que Rosemarie no estaba al tanto de lo que le sucedió a su hija, quien desapareció en 1984, y asumió que se había marchado voluntariamente tras recibir una carta de ella en la que pedía que no la buscaran. Después de que Elisabeth desapareció, su padre dijo que había entrado en una secta y que había dejado a los niños en la puerta de la casa. "Fritzl forzó a Elisabeth a escribir las cartas manuscritas para comprobar su mentira", dijo la policía. El psiquiatra Max Friedrich, quien trató a la joven austríaca secuestrada y abusada Natasha Kampusch, dijo que los niños estaban recibiendo exámenes en el hospital, en particular por problemas en sus ojos y piel debido a la falta de luz y aseguró que iban a necesitar terapia.
"Y socialmente los niños no pudieron desarrollar ningún tipo de sentimiento de comunidad, que hubieran recibido en caso de ir a la escuela o al parque", dijo Friedrich.
"En contraste, los niños criados por sus abuelos estaban integrados en la comunidad", dijeron funcionarios. "Eran miembros de un club deportivo y de los bomberos voluntarios".