Lunes 12 de Septiembre de 2011
Buenos Aires.- Los científicos que investigan la mortalidad de ballenas francas australes en la península Valdés han tropezado con dificultades para determinar las causas, indicó hoy el Instituto de Conservación de Ballenas.
“Podría deberse a una disminución en la disponibilidad de alimento, a la exposición a biotoxinas o enfermedades infecciosas o, muy probablemente, a la combinación de dos o más de estos factores”, indicó el instituto.
Entre 2003 y 2010, el programa registró un total de 428 ballenas muertas en las costas de la península y alrededores.
“El esfuerzo conjunto de organizaciones no gubernamentales (ONG) dedicadas a la investigación y conservación han permitido lanzar la novena temporada del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral”, dijeron voceros del Instituto.
Como cada año, ante el hallazgo o reporte de ballenas varadas muertas en las playas de la península, los veterinarios y biólogos que integran el programa de monitoreo se acercan al lugar, realizan estudios forenses y colectan muestras biomédicas que luego son analizadas por especialistas para determinar las causas del fenómeno.
La temporada 2011 se inició “con el gran desafío de intensificar la cantidad de muestras y análisis”, pero se advierte que no será fácil encontrar respuestas sencillas para frenar la mortandad.
Tras examinar 17 ballenas varadas desde junio, el médico veterinario Matías Di Martino, coordinador de campo del programa, dijo que “lamentablemente la gran mayoría de las ballenas no muestran signos evidentes de las causas de su muerte, debido a que casi todas mueren en el agua y pueden pasar varios días flotando hasta que el mar las arrastra a las playas”.
Di Martino ponderó, en tal sentido, el papel “fundamental que tiene la Red de Aviso para poder localizar tempranamente a los animales varados y así poder tomar muestras lo más frescas posibles antes de que se inicie su descomposición”.
“Esto es vital para determinar las causas de las muertes”, subrayó.
La Red de Aviso está formada por guardafaunas, pescadores, pobladores locales, empresas de avistaje de ballenas, de buceo, de turismo, guías, navegantes, aviadores, marisqueros, investigadores, ONG y la Prefectura Naval. (Télam)