Viernes 06 de Junio de 2008
Una pirámide que estuvo enterrada bajo la arena durante más de un siglo ha vuelto a ver la luz gracias al trabajo de expertos egipcios que, con bombos y platillos, presentaron el hallazgo en la necrópolis de Sahara, en las afueras de El Cairo.
El máximo responsable arqueológico de Egipto dijo ayer que se había identificado el origen de la pirámide ubicada en el sur de El Cairo como correspondiente a la Quinta Dinastía del rey Menkauhor, un oscuro faraón que gobernó durante ocho años hace más de 40 siglos.
La identificación de Zahi Hawas, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades, podría terminar la larga controversia sobre la estructura conocida como la Pirámide sin Cabeza, descrita por primera vez por el arqueólogo alemán Lepsius en el siglo XIX.
Hawas, cuyos equipos han excavado los niveles bajos de la pirámide de manera más exhaustiva que cualquier expedición previa, aseveró: "Ahora estamos seguros de que esta pirámide es del estilo de la Dinastía V y pertenece a un rey llamado Menkauhor", dijo Hawas.
Los arqueólogos no hallaron inscripciones con el nombre del faraón, por lo que Hawas basó su atribución en características arquitectónicas, además del hecho de que Menkauhor es el único de los gobernantes de la Quinta Dinastía cuya pirámide no había sido identificada.
Señaló unos grandes ladrillos de granito en la entrada de la cámara mortuoria y dijo que eran características de las pirámides de ese período.
También agregó que un examen indicó que la tapa plana del sarcófago estaba hecha de esquisto gris (una roca que se puede separar en láminas), muy asociado con el Imperio Antiguo. "El material de este sarcófago nunca fue usado durante el Imperio Medio", agregó.
Otro factor decisivo fue el plano de la subestructura, que carece del patrón laberíntico de pasajes que llevan a la cámaras mortuorias de las pirámides del Imperio Medio.
La parte más alta de la pirámide desapareció hace muchos años, retirada por habitantes para construir casas, a unos 100 metros de la construcción.
Cuando Hawas comenzó a trabajar en el sitio, hace 18 meses, tuvo que retirar una capa de ocho metros de arena para alcanzar los relativamente bien conservados niveles bajos.
En el proceso, se toparon con lo que fue una senda procesional, construida en el período Ptolemaico, a lo largo de la cual el máximo sacerdote de los adoradores del Toro Apis dirigía los funerales de cada toro sagrado hacia el Serapeum, donde los animales momificados eran sepultados en grandes sarcófagos de piedra. (Reuters)