Martes 05 de Diciembre de 2023
El término hater es un sustantivo del inglés que se puede traducir como “odiador”, “envidioso”, “odioso” o directamente "persona que odia”. Su plural es haters y encontramos sus raíces en la cultura hip-hop pero con el auge de las redes en la década de 2000 sus ramificaciones a Internet ocurrieron de manera natural.
La crítica anónima y, en muchos casos, malintencionada se volvió ubicua. En el vertiginoso mundo digital, los haters emergieron arrojando sombras de hostilidad en la web. Foros, comentarios en diarios online, Instagram, YouTube o Tik Tok se volvieron terreno propicio para expresar desdén y hostilidad.
La historia de los "odiadores" ha ido evolucionado (para mal), revelando aspectos intrigantes de la Psicología de Internet.
Un catalizador fundamental para el crecimiento de los haters es estar detrás de una pantalla sin ser vistos.
El psicólogo estadounidense John Suler en el año 2004 ya vaticinaba este escenario cuando los chats distaban mucho de la sofisticación actual (¿alguien se acuerda de Messenger?).
Advertía que, conectadas a la red, “hay personas que se autodivulgan o actúan con más frecuencia o intensidad de lo que lo harían en un encuentro real”.
Según el psicólogo: “Las personas dicen y hacen cosas en el ciberespacio que no dirían ni harían en el mundo cara a cara. Se aflojan, se sienten menos contenidos y se exprimen más abiertamente”. Y remataba: “Tan omnipresente es el fenómeno, que ha surgido un término para definirlo, que se nos podría aplicar a casi todos: el efecto de desinhibición online”.
Además, exploraba algunos factores que interactúan entre sí: el anonimato y por tanto la invisibilidad, la asincronía entre su comportamiento diario y el online y la minimización de la autoridad. Internet es “una vía para desplegar mi peor persona de una forma justificada y con cierta impunidad”, como se resume en el análisis de Suler.
Diferencias entre hater y troll
El hater y el troll son dos personalidades diferentes que, no obstante, a veces puedan ser confundidos.
El troll es aquella persona que se dedica a publicar comentarios provocadores e irrelevantes, con la finalidad de hacer enfadar y provocar al resto de la comunidad de usuarios reacciones viscerales. En este sentido, el troll busca la ofensa personal y alterar la línea de la conversación o discusión, y lo hace generalmente por diversión. Por su parte, el hater es fundamentalmente hostil, muy crítico y negativo, pero busca aportar nuevos puntos de vista (aunque desagradables, en ocasiones) a temas de interés general. Se vale principalmente de la burla y la ironía, y, aunque pueda resultar ofensivo, procura, sobre todo, ser ingenioso.
En la actualidad, los haters avanzaron con la misma velocidad que las plataformas digitales. Desde campañas de desprestigio coordinadas hasta el fenómeno de la “cultura de la cancelación”, donde individuos son boicoteados en Intenet por sus acciones o puntos de vista.
Las redes sociales se han convertido en arenas de confrontación digital donde la crítica constructiva a menudo se mezcla con la hostilidad desmedida. Las críticas maliciosas de los haters no son solo palabras en la pantalla; tienen consecuencias reales para las víctimas.
Estudios han demostrado que el acoso online puede afectar la salud mental y emocional de aquellos que lo sufren. La línea entre la crítica constructiva y el odio sin restricciones es delgada, y la capacidad de distinguir entre ambas es esencial.
El fenómeno es un reflejo de la complejidad de la interacción humana en toda su expresión. A medida que la tecnología avanza, es crucial abordar no solo la conducta de los haters sino también las estructuras que permiten y fomentan este comportamiento. “Haters gonna hate” (los odiadores siempre van a odiar) es una frase para describir que, sea cual sea la causa, la razón de ser de los haters es odiar.
Debemos de ser capaces de comprender Internet como una extensión de nuestra propia realidad física, y que al otro lado de la pantalla también habrá una persona que reciba el mensaje. La conversación en torno a la empatía, la responsabilidad digital y la regulación de comportamientos hostiles es esencial para forjar un entorno digital más inclusivo y respetuoso. ¿Somos conscientes de que esto está en nuestras manos?