Guillermo y Máxima celebraron los nuevos tiempos de la corona de Holanda
Guillermo Alejandro es el nuevo rey de Holanda y  su esposa Máxima Zorreguieta es la reina consorte. La ceremonia sucedió luego de que la reina Beatriz presentara su abdicación.

Martes 30 de Abril de 2013

Guillermo Alejandro juró hoy como nuevo rey de los Países Bajos en una ceremonia ante el plenario del Parlamento holandés que se  realizó en la Nueva Iglesia, ubicada frente a la Plaza Dam y a sólo  metros del Palacio Real donde más temprano se produjo la abdicación  de la reina Beatriz.

“Juro que defenderé y guardaré siempre con todas mis fuerzas  la independencia y la integridad del territorio del Reino, que  protegeré la libertad y los derechos de todos los holandeses y  todos los residentes en los Países Bajos”, dijo el monarca, al leer  el texto de la jura con una mano sobre un ejemplar de la  Constitución holandesa.
 
El sucesor de la reina Beatriz, de 75 años, admitió también  en un tramo de su discurso, de absoluto contacto con la realidad  del país, que actualmente en Holanda hay muchas personas que se  sienten “vulnerables” por la precariedad del empleo e “inseguras”  por el nivel de sus ingresos o por su “entorno vital”.
 
El nuevo jefe del Estado aseguró también que “el hecho de que  el rey no tenga responsabilidades políticas, no significa que no  tenga responsabilidades”.
 
“Mi madre ha sido monarca, esposa, madre e hija, y no falló  en ninguna de sus responsabilidades”, afirmó el Guillermo, quien  buscó la mirada cómplice de la ya princesa Beatriz.
“Viva el rey”, seguido de tres hurras, fue la frase que signó  el fin de la ceremonia.
 
En la ceremonia oficial, que contó con la presencia de unos  dos mil asistentes, Guillermo lució una versión restaurada del  manto real que llevó la reina Beatriz durante su investidura en  1980, copia del original de 1815 que se usó durante la  entronización de Guillermo I.
 
Los heraldos y reyes de armas, portando un bastón, abrieron  el cortejo desde el Palacio Real hasta la Iglesia Nueva, un templo  gótico de más de 600 años, y en el que se colocó una alfombra azul  por la que desfilaron los invitados.
 
A diferencia de sus antecesores del siglo XIX, Guillermo no  vistió uniforme militar, sino un frac cubierto por el citado manto  real.
 
La argentina Máxima Zorreguieta, ahora reina consorte, estuvo  sentada a su lado y lució un vestido de color azul cobalto (en  holandés azul real) diseñado por el modisto local Jan Taminiau.
 
En primera fila, como marca el protocolo, estuvieron sentadas  la ahora princesa Beatriz y las tres hijas de la pareja real,  Catalina Amalia, Alexia y Ariana.
 
Guillermo Alejandro, de 46 años, es el primer rey de Holanda  en 123 años, después de las reinas Emma (1890-1898), Guillermina  (1898-1948), Juliana (1948-1980) y Beatriz (1980-2013).
 
En Holanda los reyes no son coronados, sino que prestan  juramento y son investidos. Por esto, la corona como símbolo de la  soberanía del reino de los Países Bajos no le fue colocada en la  cabeza, sino que permaneció durante la ceremonia en una “mesa de  credencia”, junto con otras regalías como el cetro y la espada  real.
 
En sus primeras palabras de la declaración oficial previas a  la jura, Guillermo dirigió un “agradecimiento a Beatriz por sus 33  años de reinado”, pero también por haber realizado “plenamente el  papel de madre y de esposa” y por el “apoyo en los momentos  tristes”.
 
También la elogió porque nunca se abandonó a la “popularidad  ligera” sino que siempre tuvo un estilo de “estabilidad, porque  representa la tradición”. Una declaración afectuosa que Beatriz,  visiblemente emocionada, devolvió enviando un beso a su hijo.
 
A su esposa Máxima también le dedicó un pasaje de su  discurso: “Tomó el país entre los brazos y se convirtió en una  holandesa entre los holandeses”, lista para “ponerse a su  servicio”.
 
Pero el pensamiento del flamante soberano fue dirigido sobre  todo a su pueblo, con palabras de aliento para “afrontar juntos” un  futuro más incierto que en el pasado, pero en el que “todos deben  hacer oír su propia voz, llevar su propia contribución, su propio  talento”.
 
“Todos deben colaborar con creatividad, espíritu de empresa y  apertura”, subrayó.
 
A la solemne ceremonia asistieron los miembros de los Estados  Generales, el Consejo de Ministros, el Consejo de Estado y los  gobernadores y primeros ministros de Aruba, Curacao y Sint Maarten,  quienes juraron o prometieron su fidelidad a la Constitución, antes  de investir al nuevo rey.
 
Entre los invitados extranjeros a la ceremonia de investidura  figuraban representantes de todas las casas reales europeas y de  varias no europeas.
 
La música de la investidura estuvo a cargo de la Sinfonietta  de Amsterdam, el conjunto de instrumentos de viento Nederlands  Blazers Ensemble y el Coro de Cámara Holandés, en representación  del panorama cultural del país.
 
También participó el coro infantil Nieuw Amsterdams  Kinderkoor y el organista de la Iglesia Nueva, Bernard Winsemius.
 
Una vez finalizada la ceremonia de investidura, el séquito  real se dirigió al Palacio donde los nuevos reyes ofrecieron una  recepción a sus invitados de 18 casas reinantes de todo el mundo,  así como a autoridades nacionales, al cuerpo diplomático acreditado  en Holanda y otros dignatarios.
 
Afuera, en la Paza Dam, una multitud seguía con atención y  euforia cada paso de una ceremonia absolutamente popular y que  abarca a todas las clases sociales de Holanda. (Télam).-