Viernes 10 de Febrero de 2023
Bard, el “bot” de conversación de Google tuvo un estreno poco satisfactorio. Un error en una respuesta generada por el competidor de ChatGPT. El ejercicio fue sencillo, lo que parece indicar que Bard fue lanzado de manera prematura por Google, apurado por el enorme éxito de ChatGPT y su alianza con Microsoft. El error se tradujo en una pérdida de 100.000 millones de dólares para Alphabet, la casa matriz de Google. Pero la noticia no es tanto esta cifra sino el nuevo escenario que enfrentan las gigantes de la tecnología con la irrupción de la Intelicencias Artificial (IA) conversacional o "generativa", como es ChatGPT.
Como parte de la estrategia de lanzamiento de su nuevo desarrollo de IA, Google lanzó un video en su cuenta de Twitter en donde Bard fue cuestionado sobre el telescopio espacial James Webb (JWST). La pregunta concreta fue “¿sobre qué nuevos descubrimientos del telescopio espacial James Webb (JWST) puedo hablarle a mi hijo de nueve años?”. La respuesta de Bard fue errónea. El chatbot de inteligencia artificial sugirió que el JWST fue usado para capturar las primeras imágenes de un exoplaneta. No obstante, la NASA asegura que este crédito en realidad es del Very Large Telescope (VLT) del European Southern Observatory, el cual tomó la primera imagen de un planeta fuera del sistema solar en 2004.
Tras el error y la visibilidad que ganó en redes sociales, las acciones de la empresa matriz de Google vieron caer su valor en cerca de 9% con un volumen tres veces mayor al visto en los últimos 50 días. Esto se tradujo en una pérdida en el valor de la compañía en la Bolsa cercano a los 100,000 millones de dólares. Todo este dinero se esfumó por la errónea respuesta de Bard. No se trata de dinero “real” sino de valor de capitalización en la Bolsa, pero el daño igual es enorme.
Además, el error de Bard en realidad fue la punta de un problema mayor. Todo tiene que ver con las grandes expectativas “de negocio” que propone la inteligencia artificial (IA), oportunidades que Google ha abrazado con cautela a diferencia de otros jugadores, como Microsoft
Para muchos, como el sitio Statista, la IA es una de las tecnologías con mayor proyección de crecimiento a corto y mediano plazo. Para 2025 podría ser un mercado con un valor superior a los 300.000 millones de dólares. Con estas cifras queda claro por qué el interés de muchos inversionistas se enfoca en esta tecnología.
A diferencia de Microsoft, que invirtió desde 2019 en Open AI, la startup creadora del famoso chatbot ChatGPT, Google abrazó el mundo de los chatbots inteligentes con un enfoque más ambiguo y reservado. Pocos detalles se dieron sobre Bard al momento de su presentación, lo que se suma a una disponibilidad limitada para todos los usuarios, al menos por ahora.
El comentado error de Bard no hace más que acrecentar las dudas sobre las capacidades de Google para sumarse a este nuevo negocio. Bing, el segundo motor de búsqueda más utilizado y propiedad de Microsoft, tiene desde hace pocos días una nueva interfaz con un chatbot creado por Open AI, que intenta sintetizar información de sitios de toda la web. No hablamos de un tema de infraestructura ni de expertise de Google, sino de las garantías que puede dar la empresa para acortar distancias con competidores que parecen estar mucho más avanzados en este terreno. La cuestión es por qué Google apresuró el lanzamiento de Bard en un contexto lleno de dudas y no perfeccionó la tecnología para evitar una crisis reputacional como la que produjo ahora la mala respuesta de Bard, de la misma manera que hace tiempo lo hizo con LaMDA. La presión de Microsoft es la explicación.
Colin Sebastian, analista de Baird Equity Research señalaba que “Google tiene mucho más que perder que que ganar si se apresura a lanzar una inteligencia artificial generativa”. El negocio alrededor de nuevas tecnologías ha demostrado más de una vez que las nuevas oportunidades no siempre quedan para el jugador que llega primero, sino para aquellos que logran perfeccionar su uso.
A Google le inquieta la idea de verse eclipsado en el ámbito de las búsquedas, que proporciona la mayor parte de los ingresos de su empresa matriz, Alphabet. Y es comprensible que sus investigadores en Inteligencia Artificial estén molestos, ya que son ellos quienes han desarrollado el algoritmo de aprendizaje automático en el que se basa ChatGPT, conocido como transformador, así como una técnica clave utilizada para crear imágenes de Inteligencia Artificial, conocida como modelado de difusión, según señala la publicación especializada Wired.
Por último, pero no por ello menos importante, en la nueva guerra de las búsquedas de IA está Baidu, la mayor empresa de búsquedas de China. Baidu se ha unido a la contienda anunciando otro competidor de ChatGPT, Wenxin Yiyan , o “Ernie Bot” en inglés. Baidu dice que lanzará el bot después de completar las pruebas internas este mes de marzo.
Estos nuevos robots de búsqueda son ejemplos de IA “generativa”, una tendencia impulsada por algoritmos capaces de generar texto, crear código informático e imágenes en respuesta a una pregunta. Puede que la industria tecnológica esté experimentando despidos generalizados, pero el interés por la IA generativa está en auge y los inversores de capital de riesgo imaginan la reconstrucción de industrias enteras en torno a esta nueva “vertiente creativa” de la IA.
Herramientas de lenguaje generativo como ChatGPT cambiarán lo que significa buscar en Internet, señala Wired, al facilitar la búsqueda de información y consejos útiles. Una búsqueda en Internet dejará de consistir en hacer clic en enlaces y explorar sitios para pasar a confiar en la palabra de un chatbot. Y la tecnología lingüística subyacente podría transformar muchas otras tareas, como programas de correo electrónico que escriban discursos de ventas u hojas de cálculo que recopilen y resuman datos. ChatGPT también señala un cambio en la capacidad de la IA para entender y comunicarse con los humanos.