Domingo 14 de Septiembre de 2008
Benedicto XVI inició ayer un peregrinaje al santuario de Lourdes, una escarpada gruta que el Pontífice considera "una fuente de vida y esperanza" y que atrae a millones de peregrinos cada año en busca milagros.
Un niño del poblado extendió una copa con el agua sagrada de la gruta al máximo representante de la Iglesia.
Se dice que el agua de dicho lugar tiene importantes propiedades curativas, razón por la que Lourdes es visitada anualmente por numerosos enfermos.
Por la noche, cuando se realizó la procesión de velas, el Papa llamó a los creyentes a que dejaran que María los guiara en su rezo. "Este acto de caminar en la oscuridad con luces conmueve nuestro corazón", afirmó.
Lourdes fue el principal objetivo del viaje a Francia, el primero desde que se le nombró Papa en el 2005.
Este año se celebra el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen María a una niña de 14 años, Bernadette Soubirous, o Santa Bernardita.
El Papa visitó la gruta donde Soubirous tuvo sus visiones al beber un poco de agua de un riachuelo que descubrió allí. Más de cinco millones de personas visitan Lourdes cada año —algunos en sillas de ruedas y muletas— con la esperanza de que beber y bañarse en las aguas curará sus males.
El viaje incluyó una visita a la iglesia donde Soubirous fue bautizada y a la humilde casa donde vivió la niña con su familia.
Benedicto XVI, de 81 años, visitó Lourdes cuatro años después de que lo hiciera su predecesor, Juan Pablo II. El antiguo Papa realizó la visita en el 2004.
Juan Pablo II temía que el poderoso Occidente hubiese transformado el consumo en una especie de religión a la par que ignoraba sus raíces cristianas de valores espirituales.