Domingo 02 de Mayo de 2010
Al frente de un poderoso septeto que lució eléctrico y ensamblado, Fito Páez puso en marcha anteanoche en el Metropolitano de Rosario la puesta en vivo de su más reciente álbum “Confiá” con un concierto de casi 180 minutos en el que repasó buena parte de su obra.
El enorme galpón ambientado que resulta el predio ubicado en la parte trasera del Alto Rosario Shopping no ayudó a devolverle al artista local el afecto de las más de 2.000 personas que colmaron el gélido espacio, pero esa distancia influyó poco y nada en un espectáculo vigoroso y vibrante.
Ataviado con un traje blanco que apenas dejaba entrever una musculosa celeste y sobre un escenario despojado que lució el respaldo lumínico de un impresionante telón de leds, el también cineasta abrió la velada a las 22.09 con “Folis Verghet”, del disco “La La La” que compartió con Luis Alberto Spinetta en 1985, y enseguida arremetió con su más reciente hit: “Tiempo al tiempo”.
La tercera estación del vertiginoso viaje musical fue “Confiá”, palabra que coronó la canción en el tramo final de su ejecución y que bien podría unirse con “Dar es dar”, penúltimo tema del programa que se escuchó media hora después de la medianoche.
En la profusa obra de Fito podría pensarse que si “Dar es dar” fue un amable alegato en la Argentina consumista de los 90, este pedido de “Confiá” bien podría operar como un gesto de buena voluntad en días dominados por enfrentamientos y diferencias aparentemente irreconciliables.
Entre ambas páginas (que por cierto no integran lo mejor de la galería de Páez) el creador urdió un espectáculo caliente del que disfrutó y le sacó el jugo a una imponente banda con la que retomó formalmente este tipo de formaciones después del remanso en solitario que comenzó en “Rodolfo”, su disco de piano y voz de 2007.
La formación. Bajo la dirección del joven tecladista rosarino Diego Olivero y sumando, además, a Juan Absatz para conformar un terceto de teclas, el creador no descansó en ese colchón sonoro sino que sumó la enjundia del santafesino Gastón Baremberg en batería, a dos Killer Burritos (Coki Debernardi en guitarra, coros y percusión, y Eloy Quintana en bajo), al musical Carlos Vandera en guitarra acústica y coros, y al filoso Dizzy Espeeche en guitarra eléctrica para conformar una banda de alto voltaje en varios sentidos.
“El chico de la tapa”, “LLueve sobre mojado”, “11 y 6”, “La nave espacial” y “London Town” no dieron respiro y motivaron al comentario socarrón del anfitrión, quien dijo “buen arranque compañeros” y, enseguida, “vamos 200 años para atrás” y regaló una versión de “Giros”.
La procacidad de “En el baño de un hotel” dio paso al imbatible lirismo de “Un vestido y un amor” (a tres teclados) y la frescura de “Limbo mambo” a un segmento rabioso con “El diablo en tu corazón” y “Naturaleza sangre”, mientras que la veta mordaz funcionó a pleno con el combo “El mundo de hoy” (“De los laberintos se sale sólo por arriba/vayamos por ahí a la deriva y no leamos las noticias”/) y “Al lado del camino”.
Ya ingresando en el tramo final de la velada primó la fiesta con “Tema de Piluso”, “La rueda mágica”, el tributo a Piazzolla, Paul McCartney y La Máquina de Hacer Pájaros que, explicó, lo guiaron hacia las “Tumbas de la gloria” para el que se sumó la todavía feroz vocalización de Claudia Puyó, “Brillante sobre el mic”, “Circo Beat”, “Ciudad de pobres corazones” (para la que se colgó por única vez una guitarra) y “A rodar mi vida”. l