Domingo 02 de Noviembre de 2008
El aventurero suizo de aguas profundas Jacques Piccard murió ayer a los 86 años, según se precisó. No se dieron a conocer las causas del fallecimiento. Había realizado su última inmersión en 2002, a los 82 años.
El 29 de agosto pasado se supo que Piccard había superado 300 días de soledad en una isla desierta.
Considerado uno de los 20 grandes aventureros del siglo pasado, diseñó submarinos que podían llegar a lo más profundo en cualquier océano.
En 1960, junto al teniente Don Walsh, la Armada de los Estados Unidos, Piccard descendió 10.916 metros en el interior del submarino Trieste, en la parte inferior de la fosa de las Marianas del sur frente, a las islas Guam, en el océano Pacífico. La embarcación tardó cinco horas para llegar a su oscuro destino. Piccard y Walsh encontraron raros peces y una especie de camarón, que hasta el momento se creía que no podía sobrevivir en esas profundidades.
"Con mucho, lo más interesante fue descubrir los peces", dijo Piccard sobre el resultado de la inmersión. "Nos sorprendió encontrar extrañas formas de vida marina".
Con toneladas de presión sobre el submarino y una grieta en una de las ventanas, el Trieste permaneció apenas 20 minutos en las profundidades abisales, antes de iniciar una ascensión que le llevó tres horas.
Su hazaña no se ha repetido.
De cuna. Nacido en Bruselas el 28 de julio de 1922, Jacques fue el primogénito del físico y aventurero Auguste Piccard, el primero en llegar a la estratosfera en un globo aerostático.
Estudió economía y relaciones internacionales en Ginebra, pero se sumó a su padre en la construcción de submarino de aguas profundas, conocidos como batiscafo.
Varios años más tarde, popularizó los detalles de la aventura marina. Durante la Expo 64, en la ciudad suiza de Lausanne, Piccard hizo vivir a numerosos visitantes las alternativas de las inmersiones sumergiéndose a 60 metros de profundidad en el lago Leman.
En 1969 pasó un mes a la deriva de la corriente del Golfo a una profundidad de más de 300 metros para concretar el estudio de las cálidas corrientes del Atlántico.
Pasó la mayor parte de su vida en la ciudad de La Tour-de-Peilz, entre Montreux y Vevey.
Dueño de una vitalidad asombrosa, sorprendió a sus 80 años al afirmar que "todavía hay mucho que hacer antes de morir". Se refería a sus proyectos para diseñar y construir otros submarinos usando la experiencia que le regaló su amado Triestre.