Sábado 02 de Marzo de 2013
La Guardia Civil española recuperó más de 4.000 piezas arqueológicas pertenecientes a diversas culturas, especialmente del período celtíbero peninsular, en el marco de la Operación Helmet (casco), en la provincia de Zaragoza. Grande fue la sorpresa de los investigadores cuando constataron que el despojo del acervo lo había concretado un jubilado de 60 años usando un simple detector de metales.
La mayoría del material recuperado son piezas que formaban parte del ajuar propio de los enterramientos de los guerreros como cerámicas, petos, espadas, fragmentos de cascos celtíberos, corazas, fíbulas, exvotos, joyas, entre otros.
La operación se inició el pasado invierno cuando la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo se enteró de que se iba a realizar una subasta en Alemania de unos cascos celtíberos, de valor excepcional, ya que están completos, mientras que en los museos españoles solo se conservan unos pocos fragmentos.
Ricardo G., de 60 años, residente en la zona de Aranda de Moncayo (Zaragoza) y jubilado de un trabajo relacionado con la recogida de la trufa, fue quien llevó a cabo uno de los mayores expolios de los que se guarda memoria en España.
Durante 20 años desvalijó yacimientos cercanos a su domicilio, sobre todo en la ciudad celtibérica de Arátikos, pero también en Tiermes y en los alrededores de Numancia, ambos en Soria.
Ricardo G. quedó en libertad ayer tras declarar ante un juez.
Los investigadores iniciaron la pesquisa de unos cascos, 18 piezas de bronce de excepcional valía, producidos en España entre los siglos IV y II a. C., y salidas del país de forma ilegal para acabar en manos del industrial y coleccionista Axel Guttmann. La alarma la había dado en 2008 el museo Rëmisch-Germanisches-Zentralmuseum (RGZM), en la ciudad alemana de Maguncia. Sus autoridades denunciaron la subasta del valioso lote.
El pasado verano, la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo, directora de la operación, conoció que se iba a realizar la cuarta subasta en Alemania con otro conjunto de tres cascos. De nuevo, sorprendía su aspecto impecable, muy distinto del precario estado de conservación de las piezas atesoradas en los museos españoles.
Tras las primeras investigaciones, los agentes localizaron el lugar del expolio: algún punto de la geografía aragonesa. Fue cuestión de tiempo dar con el presunto autor. En el registro de tres de sus domicilios se hallaron las 4.000 piezas arqueológicas. El detenido reconoció que en un 90 por ciento las piezas provenían de Arátikos. El resto salió de Tiermes (en el término de Montejo de Tiermes) y alrededores de Numancia (Garray).
Un comprador. El tesoro recuperado está en su mayor parte relacionado con el ajuar propio de los enterramientos guerreros: pectorales, puntas de flecha y espadas, corazas, fíbulas, exvotos, joyas y algunas cerámicas. El expoliador vendía las piezas en el mercado negro. La mayoría iba a parar a las mismas manos: las del coleccionista y magnate alemán de la construcción Axel Guttmann, ya fallecido.
Los objetos hallados en la casa de Ricardo G. estaban en viejas cajas de galletitas, así como en frascos de cristal.
Los celtas llegaron a la península Ibérica en el siglo XIII a. C. ocupando entonces la región noreste.