"En Cromañón, una rubia del primer piso tiraba bengalas"
Una sobreviviente de la tragedia del boliche porteño Cromañón aseguró ayer que aquella noche una mujer rubia arrojaba "palitos" hacia el público desde el piso superior, donde estaban ubicados los allegados al grupo Callejeros, y que ella identificó esos objetos como bengalas.

Jueves 09 de Octubre de 2008

Una sobreviviente de la tragedia del boliche porteño Cromañón aseguró ayer que aquella noche una mujer rubia arrojaba "palitos" hacia el público desde el piso superior, donde estaban ubicados los allegados al grupo Callejeros, y que ella identificó esos objetos como bengalas.

"Yo deduzco que eran bengalas por el tamaño y por la forma", afirmó al declarar en el juicio oral Miriam, de 43 años, quien perdió a su hijo y a su marido en el incendio y dio un conmovedor testimonio de lo ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el boliche de Once.

Acompañada por su hermana Silvia, por autorización del tribunal, Miriam contó que esa noche fue al show con su esposo Roberto y sus hijos Matías, de 14 años, y Romina, de 19, porque el más chico había finalizado el noveno año de estudios y quería festejar viendo a Callejeros.

"Cuando llegué al local, me dieron ganas de irme, era patético", recordó la testigo, quien lo describió como "una cárcel, muy cerrado, muy feo y muy sucio". Miriam relató que, ante la insistencia de su marido y sus hijos, se quedaron ubicados en una escalera, pero que empezó a sentir "miedo" cuando Omar Chabán, gerenciador del local, dijo: "Si esto se prende fuego, de acá no sale nadie".

Entonces, empezó a observar todo lo que ocurría y contó que "había un grupo de gente en el primer piso, en el VIP, donde había una señora de pelo cortito, rubio, teñido, con busto grande, que tenía una bolsita y arrojaba cosas a los chicos que estaban abajo". "Eran como palitos", describió, pero al ser consultada por las partes confirmó que se trataba de "bengalas".

Miriam dijo que luego vio cómo "un chico que estaba arriba de otro prendió una bengala y comenzó a incendiarse la media sombra", por lo que ella quiso bajar, pero su marido la convenció de subir al primer piso para no separarse.

"Cuando se cortó la luz ya no nos podíamos ver —recordó entre lágrimas-—. Les dije a mis hijos que se subieran la remera para no respirar el humo, pero mi marido ahí me gritó: «La puta madre, no doy más» y yo le dije: «No, tenemos que seguir, tenemos que sacar a los chicos»". (Télam)