Domingo 18 de Marzo de 2012
Fue la tragedia aérea más famosa de la historia. La desaparición del avión que transportaba al equipo de rugby Old Christians de Uruguay hacia Santiago de Chile generó una noticia que impactó al mundo el 13 de octubre de 1972. La conmoción llegó 72 días más tarde, cuando después de haber abandonado la búsqueda, la civilización se enteró de que de ese accidente hubo sobrevivientes y que lograron salir del infierno por sus propios medios.
Desde ese momento y con el paso de las horas el mundo se estremeció en la medida en que los medios difundieron los detalles de la epopeya y cómo 16 de los 45 viajeros lograron imponerse a la adversidad y regresar después de superar las condiciones más extremas a las que puede someterse el hombre.
En el año del 40º aniversario del accidente, y para dimensionar en cierto modo lo que fue aquella proeza, un equipo de este diario participó en la última expedición de esta temporada hacia el valle de las Lágrimas, Malargüe, donde los protagonistas de la “Tragedia de Los Andes” permanecieron hasta dos días antes de la Navidad de 1972. Ahí vuelven cada año sobrevivientes, familiares, amigos y quienes pretenden acercar una demostración de afecto a la tumba de los 29 fallecidos.
Tras recorrer unos 50 kilómetros desde Malargüe hacia el norte por la ruta 40 se llega a la localidad de El Sosneado, donde se desvía por un camino de ripio en mal estado que se interna hacia el oeste, en las entrañas de la cordillera de Los Andes. Después de 70 kilómetros de traqueteo y de sortear puentes en ruinas y manantiales a la vera del río Atuel se llega hasta la desembocadura del arroyo de Las Lágrimas, en el punto justo donde confluyen el valle homónimo y el del volcán Overo.
Allí está el puesto Araya, de verano, en el que pasta el ganado y los caballos que llevan a los viajeros hasta el glaciar Las Lágrimas, que corona la formación montañosa llamada cadena de Don Hilario, unos 30 kilómetros más arriba hacia el sudoeste. Además de una buena relación con la cabalgadura, el camino demanda paciencia, asesoramiento técnico y tiempo de adaptación para minimizar los riesgos que por cierto ofrece el derrotero. Es necesario acampar a mitad del recorrido, donde el afluente Barroso desemboca en el arroyo Las Lágrimas.
Medio día más de cabalgata y los expedicionarios llegan a “la tumba de los uruguayos”, como la llaman los baqueanos. La cadena de Don Hilario cierra el horizonte a unos 4.400 metros sobre el nivel del mar y da un marco imponente. Su vista aérea devela formas que asemejan gotas y de allí deriva el nombre de Las Lágrimas.
Allí se erigen como referencia Los Gendarmes, una saliente rocosa contra la que impactó el Fairchild Hiller 227 del Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. También se observa pleno el tobogán que amortiguó la caída del fuselaje, el glaciar sobre el que se encaramó y detrás el monte Seller, el que Fernando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintin escalaron en su viaje de salvación hacia los valles chilenos.
Debajo se erigen las cruces hincadas entre pilas de piedra que coronan la tumba común. A su lado hay un cúmulo de pequeños restos del Fairchild, harapos que fueron abrigo y un sinnúmero de camisetas, banderas y placas recordatorias que los sobrevivientes, familiares de las víctimas y allegados dejaron en los años sucesivos. También un monolito de mármol negro en el que se inmortalizaron los nombres de los viajeros.
El fuselaje, que fue quemado en los días posteriores al rescate, cayó en una grieta del glaciar y luego fue sepultado por las sucesivas nevadas. Cerca de la tumba se encuentran restos del ala del avión, un tren de aterrizaje trasero, el delantero y esqueletos de asientos. Más arriba, en el llamado “tobogán” quedó el ala izquierda, los motores y las dos hélices.
Las palabras sobran. Los vientos intensos, las bajas temperaturas, la altitud y el imponente paisaje hacen el resto. Las emociones se disparan y rematan el ritual que, según los guías, nadie puede evitar y constituye la mejor reverencia a la memoria de víctimas y sobrevivientes: llorar en el Valle de las Lágrimas.