El robo de arte, otra "tradición" nacional

Domingo 27 de Julio de 2008

Que 15 obras de primer orden de Antonio Berni se pierdan durante un traslado en camión camino a la casa del hijo del pintor parece inverosímil, pero es a la vez un episodio muy argentino. Resultaría insólito que algo similar ocurriera en España con un cargamento de Joan Miró, por caso, o en Francia con una serie de obras de Georges Braque o Pablo Picasso. Tampoco a nadie se le ocurre que en Estados Unidos se pueda perder un cargamento de pinturas de Jackson Pollock camino de un museo neoyorquino.

El estupor que provocó la noticia del atraco en Munro es así comprensible pero en parte anacrónico. Es que Argentina tiene una consolidada "tradición" de robos de arte. En 1980 se robaron la colección de pinturas impresionistas de la familia Santamarina del Museo Nacional de Bellas Artes. La ciudad de Rosario registró poco después dos verdaderos saqueos: los sufridos por los museos Estévez y Castagnino en los años 1983 y 1987, respectivamente, en los que se perdieron pinturas de Murillo, Goya, Rivera y Boucher, entre otros maestros europeos.