Viernes 12 de Noviembre de 2010
Apenas daba sus primeros pasos el siglo XXI, un nuevo espacio se abrió en territorio entrerriano para la difusión de las ideas, de las actividades cotidianas y del sentir provincial. Para quienes estuvimos ese 12 de noviembre de 2000, ese parir se transformó en una maravillosa tarea que une el ayer, el hoy y el mañana en forma cotidiana, en una singular actividad que día tras día engendra siempre a algo nuevo.
Un diario resume el pasado, muestra el presente y anticipa el futuro.
La adhesión de los lectores demanda un prudencial tiempo de seducciones compartidas, del conocimiento mutuo entre un medio de comunicación y la sociedad. Por eso se dice que los diarios son como los vinos: cuanto más viejos, mejor. Requieren madurez en el producto y consideración social.
Pero claro, siempre hay una excepción a la regla. Diario UNO nació líder, por tirada, presencia institucional e inserción territorial. Desde el primer día Entre Ríos lo recibió con sus brazos abiertos, como al leer sus páginas, y con los puños cerrados, en un apretón de manos, en que “se va toda mi amistad”.
Alteró esa regla mundial y trastocó un siglo de historia entrerriana que se había caracterizado por la imposibilidad de convivencia entre distintas expresiones periodísticas gráficas masivas.
Si se analizara el momento histórico, la depresión económica y social que vivía el país por entonces no auspiciaba emprendimientos ambiciosos o transformadores. La retracción signaba la conducta social. Pero, justamente, los diarios llevan consigo una inyección anímica positiva, porque siempre son una apuesta al futuro.
Visto también en retrospectiva, su aparición coincidió con un período de transición hacia una realidad que tal vez pocos imaginábamos: el pasaje del diario en papel y tinta –cuya esencia, empero, se mantiene inalterable por el poder único de la palabra impresa– a la inclusión de sus nuevas formas en sonido e imagen para difundir noticias a través de computadoras, celulares u otros soportes técnicos.
Desde entonces, el avance tecnológico mutó permanentemente el modo de producir un diario. Fue en forma tan veloz, sorprendente e impactante como el mismo entorno social.
Junto con los lectores vivimos la circulación del bono federal, el corralito y corralón financiero, los cinco presidentes de la Nación en poco más de 10 días, la devaluación del peso. Nos sorprendimos tanto del voto “por la negativa” del diputado Félix del Real durante el juicio político al ex gobernador Sergio Montiel en 2002, como del voto “no positivo” del actual vicepresidente Julio Cobos durante el conflicto con el campo en 2008. Fuimos testigos de la histórica lucha del pueblo de Gualeguaychú contra las pasteras; del sueño cumplido de Victoria por su unión vial con Rosario, del desarrollo termal entrerriano; de los éxitos y los sinsabores del deporte panza verde. Nos conmovimos por el deceso de dos ex presidentes de la democracia. Y seguimos sufriendo por Fernanda.
Buenas y malas, como la vida misma de cada entrerriano. Pero el pensar diariamente el mañana, nos habitúa saludablemente al optimismo, a mirar para adelante, con el pasado como aliado para superarnos, y forjando el presente con espíritu constructor.
Una década pasó, y un camino sigue adelante. Es la apasionante responsabilidad de brindar contención y cobijar en tinta y papel el ayer, el hoy y el mañana de nuestra sociedad. Es la historia que llevamos puesta, es el presente que empujamos y es el futuro al que vamos.