Martes 29 de Junio de 2010
El Papa reprendió al cardenal de Viena Christoph Schoenborn, quien el mes pasado acusó públicamente al cardenal italiano Angelo Sodano de encubrir abusos sexuales.
Benedicto XVI trata de controlar el daño que el escándalo de abusos sexuales hizo a la imagen de la Iglesia, y ayer aconsejó con aspereza a sus principales asesores no intercambiar acusaciones en público.
“En referencia a esas denuncias contra un cardenal, recordamos a todo el mundo que, en la Iglesia, sólo el Papa tiene la autoridad de acusar a un cardenal”, advirtió el Vaticano en un comunicado. Esas indicaciones sacan a la luz las diferencias en el seno de la Iglesia.
La nota −emitida después de una reunión entre el Papa, Schoenborn, Sodano y el secretario de Estado Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone− apuntó que los responsables de la Iglesia “tenían que mostrar el debido respeto” por los otros.
En mayo, Schoenborn criticó al cardenal italiano Angelo Sodano, que fue secretario de Estado entre 1990 y 2006, segundo puesto en el Vaticano.
Schoenborn acusó a Sodano de haber bloqueado una investigación sobre abusos sexuales cometidos presuntamente por el ex cardenal austríaco Hans Hermann Groer.
Groer dimitió como arzobispo de Viena en 1995 después de las acusaciones de que había abusado sexualmente de jóvenes seminaristas. Murió en 2003 sin haber admitido su culpabilidad ni haber afrontado cargos.
Schoenborn dijo que el cardenal Joseph Ratzinger, que entonces dirigía el departamento de la doctrina de la fe, quería una investigación a gran escala sobre Groer en 1995, pero fue bloqueada por Sodano.
Añadió que durante la reunión todas las partes habían “aclarado y resuelto” lo que calificaron de “malentendidos”.
La crisis de abusos sexuales ha surgido en Estados Unidos y varios países europeos, incluida la Alemania natal del Papa.
Cinco obispos dimitieron en Europa. Uno admitió abusos sexuales, otro está siendo investigado y tres renunciaron por su manejo de los casos de abusos.
En la última semana, la atención se centró en Bélgica, donde la semana pasada la policía irrumpió en oficinas eclesiásticas, la casa de un cardenal e incluso abrió una tumba en busca de documentos que pudieran ayudar en la investigación.
El domingo último, el Papa denunció las redadas, calificándolas de “sorprendentes y deplorables”, en una carta dirigida al los obispos belgas.
El día después de la operación policial, el Vaticano protestó ante el embajador belga en la Santa Sede (ver aparte).
A principios de mes, Benedicto XVI pidió perdón a Dios y a las víctimas de abusos a manos de sacerdotes y prometió que la Iglesia Católica haría todo lo posible para asegurar que no vuelva a ocurrir. (Reuters)