El Papa llamó a evitar los "ídolos" del dinero, el placer y el poder
El Papa Francisco llamó ayer a los fieles a evitar a los "ídolos" del dinero, el poder y el placer y en su lugar ayudar a los jóvenes a construir un mundo mejor, en su homilía en la basílica del...

Jueves 25 de Julio de 2013

El Papa Francisco llamó ayer a los fieles a evitar a los "ídolos" del dinero, el poder y el placer y en su lugar ayudar a los jóvenes a construir un mundo mejor, en su homilía en la basílica del santuario de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, en la que constituyó la primera homilía internacional que oficia como pontífice.

Miles de católicos llenaron la basílica y desafiaron la fría lluvia afuera del santuario para ver al primer Papa latinoamericano que regresaba al continente dónde nació, a un santuario de gran significado para Brasil, el país con más católicos del mundo.

Aclamado por los católicos presentes en el templo, principal centro de peregrinación brasileño, el Papa tuvo un emotivo momento que llenó de lágrimas sus ojos al encontrarse con la imagen de la Virgen de Aparecida. Se inclinó ante ella y permaneció en silencio. "Madre, te pedimos permanecer aquí, siempre acogiendo a tus hijos peregrinos y estar siempre a nuestro lado, acompañar a la gran familia de tus devotos, sobre todo cuando la cruz más nos pesa", dijo.

Luego abrazó la imagen. Después la puso sobre el vidrio que protege a la llamada "Virgen negra" y se persignó.

"Es cierto que hoy en día, todos un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer", dijo Francisco en su sermón. "Con frecuencia se abre camino en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío y lleva a la búsqueda de compensaciones, de estos ídolos pasajeros".

Pidió, a su vez, dar aliento a la generosidad de los jóvenes y ayudarlos a construir un mundo mejor.

Los jóvenes, dijo Francisco hablando en portugués, "son un motor poderoso para la iglesia y para la sociedad. Ellos no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo".

También exhortó a los católicos del mundo a mantener sus valores de fe, generosidad y fraternidad, un mensaje que repitió más tarde en una visita en un centro de rehabilitación de drogas en Río de Janeiro, donde se pronunció además contra la legalización de las drogas .

Desde que inició su pontificado, la prioridad de Francisco ha sido acercarse a los pobres e inspirar a los líderes católicos a ir a barrios marginales y a las periferias de los países a predicar.

No fue casual, entonces, que el primer gran evento de su primer viaje al extranjero fuera una misa en la basílica del santuario de Nuestra Señora de Aparecida. En la pequeña capilla, que atrae a 11 millones de peregrinos cada año, se organizó una importante reunión de obispos de América latina en 2007 que, bajo la dirección del entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio (ahora Francisco), propuso una declaración de principios sobre cómo revitalizar la fe en el continente.

Tras la misa, el Papa caminó entre los fieles dentro del templo, estrechó manos y repartió besos y bendiciones a su paso.

Al final de la visita, el Papa ordenó que al conductor del vehículo abierto en el que viajaba que se detuviera para que pudiera besar a algunos niños y saludar a los fieles apostados a ambos lados de la calle.

El hecho ocurrió a la salida del seminario Bom Jesus. Francisco bajó del automóvil y caminó al lado derecho del auto, donde estrechó manos y un feligrés le acercó un niño pequeño, envuelto en un abrigo y un gorro, al que besó.

Después se trasladó al lado izquierdo del auto donde le acercaron otro niño de brazos, al que también besó, antes de volver al automotor, en el que continuó su camino hacia el helicóptero que lo llevó a Sao José dos Campos, en su regreso a Río de Janeiro.

En Aparecida, los fieles se mantuvieron detrás de barreras metálicas resguardadas por la policía, por lo que nadie se pudo acercar al auto del Papa. A su llegada al santuario, hizo el recorrido muy lento y los escoltas le acercaron cinco niños para que los besara.

Poco antes, al concluir la misa, salió a un balcón que lleva el nombre de su antecesor, Benedicto XVI, desde donde dio una bendición a los miles de feligreses que lo aguardaban bajo la helada lluvia.

"No hablo brasileño, voy a hablar en español", dijo. "Le pido a la Virgen de Aparecida que bendiga a sus familias, a sus hijos, a sus padres, a su patria", antes de lanzar una pregunta a los fieles: "¿Una madre olvida a sus hijos?". Siguiendo el juego, la multitud de más de 100.000 personas respondió en coro "No", a lo que el prelado les dijo "Ella (la Virgen) no se olvida de nosotros, y ahora le vamos a pedir su bendición".

Con la imagen de la Virgen de Aparecida en las manos, dijo luego: "Les voy a pedir un favor, recen por mí, recen por mí, lo necesito. Que Dios los bendiga. Que Nuestra Señora de Aparecida los cuide, y hasta 2017 que voy a volver", dijo en castellano ante los más de 200.000 fieles en Aparecida, a 180 kilómetros al este de San Pablo.

Prometió volver en 2017

Después de la homilía, el Papa también dijo a los fieles congregados afuera del templo que volvería a Brasil en 2017, cuando se cumplan 300 años de la supuesta aparición de la Virgen en el lugar. Luego fue al seminario do Bom Jesus donde almorzó con seminaristas, curas y obispos. Más tarde bendijo a unas 50 monjas que viven en tres conventos de clausura. En el santuario de Aparecida, Nacilda de Oliveira Silva, una diminuta empleada doméstica de 61 años, contó: "He estado levantada casi 24 horas, la mayor parte del tiempo en pie y bajo la lluvia y el frío, pero no siento dolor". "Me siento bañada en la gloria de Dios por causa del Papa. Para mí es lo mismo que ver pasar a Jesús", aseguró.