El Papa Franciso presidió su primer Vía Crucis en Roma ante una emocionada multitud
 El Pontífice argentino sigue el desarrollo de la ceremonia desde un estrado en el Monte Palatino desde donde le hablará a la feligresía. 

Viernes 29 de Marzo de 2013

El papa Francisco presidió hoy las celebraciones del  Viernes Santo y participó del tradicional Vía Crucis realizado en  las ruinas del Coliseo Romano, lugar en el que afirmó que “con la  Cruz de Cristo, Dios ha respondido al mal del mundo”.
 
Durante su breve alocución al finalizar la recreación del Vía  Crucis, Francisco además elogió el “signo de esperanza” que -para  Medio Oriente y para el Mundo- significa la vida conjunta de  cristianos y musulmanes en el Líbano.
 
“Esta noche, debe quedar una sola palabra que es la Cruz de  Jesús, que es la palabra con que Dios ha respondido al mal del  mundo; siempre se dice que Dios no responde al mal, que espera en  silencio: Dios ha hablado, ha respondido con la cruz de Cristo, una  palabra que es amor”, destacó.
 
Al igual que su antecesor Benedicto XVI, Francisco siguió las  14 estaciones que conforman el Vía Crucis desde un estrado ubicado  el Monte Palatino, una de las colinas que se eleva frente al  Coliseo Romano.
 
Si bien el portavoz vaticano, Federico Lombardi, había dicho  por la mañana que a Francisco “le gusta improvisar”, finalmente en  ese lugar histórico todo se realizó de acuerdo con lo previsto: el  Papa sólo dio ese breve discurso e impartió la bendición a la  multitud que se congregaba en la explanada.
 
Esos miles de fieles esperaron durante horas la llegada del  sucesor de Pedro, que fue recibido por un estruendoso saludo y un  mar de banderas de todas las nacionalidades.
 
Unos instantes más tarde, las ovaciones y los cánticos  dejaron lugar al profundo silencio con que se acompañó cada una de  las  reflexiones leídas para ilustrar cada una de las estaciones.
 
Esas meditaciones fueron redactadas “por jóvenes libaneses” y  algunas de ellas buscan relacionar lo sucedido durante la pasión de  Jesús con la actualidad.
 
De esta forma, se pudo escuchar que en el “mundo  contemporáneo, hay muchos Pilato” que usa el poder en “servicio de  los más fuertes” y se criticó “el laicismo que sofoca los valores  de la fe moral en nombre de una presunta defensa del hombre”.
 
Más temprano, a las 17 de Roma, en la Basílica de San Pedro  se había desarrollado la celebración de la Pasión del Señor y la  adoración de la Cruz, actos litúrgicos centrales del Viernes Santo.
 
La homilía no estuvo a cargo de Francisco sino que fue  delegada al Predicador de la Casa Pontificia, el franciscano  Raniero Cantalamessa -como es habitual en muchas ceremonias  vaticanas-, quien remarcó la necesidad de recuperar el impulso  evangelizador de la Iglesia y tuvo un enérgico llamado a desterrar  “las burocracias, los residuos ceremoniales y controversias del  pasado”.
 
En su predicación, Cantalamessa utilizó un texto del escritor  checo Franz Kafka para ilustrar los impedimentos que surgen en el  seno de la iglesia a la hora de evangelizar.
 
“Tenemos que hacer todo lo posible para que la Iglesia nunca  se parezca a aquel castillo complicado y sombrío descripto por  Kafka, y el mensaje pueda salir de él tan libre y feliz como cuando  comenzó su carrera”, aseveró.
 
“Sabemos cuáles son los impedimentos que puedan retener al  mensajero: los muros divisorios, como aquellas que separan a las  distintas iglesias cristianas entre sí, la excesiva burocracia, los  residuos ceremoniales y controversias del pasado, aunque se han  convertido ya en escombros”, destacó.
 
También comparó a la iglesia con “alguno de esos viejos  edificios”, que “a través de los siglos, para adaptarse a las  necesidades del momento, se les llena de divisiones”, pero llega un  momento en que “son un obstáculo”, y por eso dijo que “se debe  tener el coraje de derribarlos” y volver a la “sencillez de sus  orígenes”.
 
La celebración había comenzado con el ingreso de Francisco  que, en silencio y vestido con una casulla de color rojo, realizó  el gesto de la postración frente al altar central de la basílica.
 
Por la solemnidad de la ocasión, las oraciones, la lectura de  la pasión y el salmo fueron proclamadas en latín, mientras que la  primera lectura fue en italiano y la segunda se hizo en  español.(Télam).-