Sábado 30 de Marzo de 2013
El Papa Francisco rezó ayer por la paz en Oriente Medio y la amistad con los musulmanes en su primer Vía Crucis, celebrado en el Coliseo romano, como líder de la Iglesia Católica.
"Los cristianos deben responder al mal con el bien", dijo Francisco, quien recordó el viaje de su predecesor, el Papa Benedicto XVI al Líbano en septiembre pasado, cinco meses antes de renunciar al pontificado.
"Hemos visto la belleza y la fuerza de la comunión de los cristianos de aquella Tierra y de la amistad de tantos hermanos musulmanes y muchos otros", recordó.
Vestido con un abrigo blanco, Francisco siguió desde la terraza del Palatino las 14 estaciones que rememoran el calvario de Cristo escenificadas alrededor del Coliseo romano, donde, según la leyenda, fueron arrojados muchos cristianos a los leones en los primeros siglos.
Varios miles de personas de todo el mundo, muchos de ellos latinoamericanos, e incluso egipcios de confesión musulmana, se dieron cita en este incomparable marco para conmemorar este punto álgido de la liturgia pascual.
"Adoramos todos al mismo dios, no debería haber problemas", dijo a la agencia de noticias francesa AFP la egipcia Naglaa Shahin, de 35 años y la cabeza cubierta con velo. "El 90 por ciento de los musulmanes pensamos lo mismo", dijo.
La falta de visibilidad y el mal sonido, hicieron que muchos acabaran yéndose mucho antes del final del Vía Crucis, retransmitido por televisión a varios países, incluidos algunos árabes, y que concluyó con un canto maronita.
Y es que los maronitas libaneses, una rama del cristianismo, fueron los protagonistas del Rito de la Pasión celebrada poco antes en la basílica del Vaticano.
El Papa pudo escuchar las meditaciones de dos jóvenes libaneses que hablaron de las guerras que desangran Oriente Medio, en particular la guerra de Siria, y escenario de la difícil coexistencia entre musulmanes y cristianos, el auge del islam y la huida de muchos cristianos de la región ante la persecución que sufren, en particular en Egipto.
"Que la sangre de las víctimas inocentes sea la semilla de un Oriente más fraterno", que vuelva a ser la "cuna de las civilizaciones", dijeron.
El Papa emérito Benedicto XVI había encargado antes de su renuncia estas meditaciones al patriarca de la Iglesia maronita libanesa Bechara Rai y éste encomendó su redacción a dos jóvenes.
Las meditaciones también aludieron a las amenazas a la vida en los países occidentales, según la Iglesia, como el aborto, la eutanasia, las manipulaciones genéticas.
Estas han puesto de manifiesto el "fundamentalismo violento" y el "laicismo ciego que ahoga los valores de la fe y de la moral en nombre de la supuesta defensa del hombre".
Conceptos que Francisco, que alza constantemente su voz a favor de la "protección", asume plenamente.
El Papa, de 76 años, ha acortado y simplificado algunas de estas ceremonias litúrgicas, como reconoció el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Cambios. Francisco, el primer jesuita que llega al sillón de Pedro, ha dejado claro en poco más de dos semanas de pontificado que quiere un cambio para esta milenaria institución cuya imagen se ha visto empañada en los últimos años por las luchas intestinas de poder, los sacerdotes pederastas o la turbia actividad económica del banco del Vaticano, sobre el cual arrecian las versiones de que sería disuelto y pasaría a ser administrado por una prestigiosa entidad canadiense.
Quizá, el mensaje más contundente lo dio el Jueves Santo, cuando se desplazó a una cárcel de menores de Roma, Casal del Marmo, donde ofició una misa ante medio centenar de jóvenes y lavó los pies a 12 de ellos, dos de ellos musulmanes, en una ceremonia que conmemora la última de cena de Jesús con los doce apóstoles.
Hoy, el Papa seguirá con la Vigilia Pascual, que celebra en la noche de Pascua la resurrección de Jesús. Bautizará a cuatro adultos convertidos al catolicismo: un albanés de 30 años, un italiano de 23, un ruso de 30, y un muchacho norteamericano de origen vietnamita de 17 años de edad. Justo después del bautismo, el Santo Padre les administrará la confirmación y, poco después, la primera comunión.
Inició la celebración postrándose en el altar. Desde las 17 (13, hora argentina) el Papa Francisco presidió en la basílica de San Pedro la celebración de la Pasión del Señor y la adoración de la Cruz, actos litúrgicos centrales del Viernes Santo.
Revestido con una casulla de color rojo que representa a la sangre del martirio, el Papa realizó un singular gesto de humildad y se postró frente al altar central de la basílica para luego dar inicio a la celebración que incluye la liturgia de la palabra y la adoración de la Cruz.
Revestido con los ornamentos rojos, comenzó a levantarse con dificultad, y fue ayudado por dos ceremonieros. La postración no es un gesto nuevo, pues lo han practicado sus predecesores.
El segundo momento conmovedor de la liturgia del Viernes Santo fue la adoración del Crucifijo ante un altar desnudo, completamente desprovisto de ornamentos. El Papa bajó de su sitial, en uno de los lados de la basílica, se quitó la casulla roja y se dirigió hacia la Cruz vestido con una sencilla alba blanca y una estola.
La homilía, a cargo del predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, se centró en la Redención en la Cruz.