Jueves 10 de Mayo de 2018
Nacido en el entonces pueblo de Oliveros el 26 de abril de 1923, Rafael es hijo del ama de casa italiana Anita Bolognesi y del trabajador rural Nicolás Diciembre. "Un italiano nacido en Brasil", explica Rafael y se ríe como un pibe, en su casa de la diagonal Río Negro, en el viejo barrio Belgrano. "De chico fuimos un mes a vivir a Serodino y a los 12 años a Maciel, donde mi viejo alquilaba un campo y sembraba maíz, trigo y girasol, hasta el '48 cuando me vine a Rosario, con 25 años, trabajar en la Fundición Lancellotti, en 9 de Julio y Santiago", recuerda. Allí, donde había más de 100 empleados, Rafael trabajó un tiempo de peón hasta que pidió aprender a hacer moldes y salió oficial fundidor, luego de siete años de trabajo.
-¿Cómo llegó al tranvía?
-En Lancellotti trabajé hasta el '52 y me fui a la Mixta (la empresa de tranvías y transporte automotor de Rosario, de capitales belgas) porque la fundición se mudó al norte.
-¿Y cómo eran los tranvías?
-Eran espectaculares, nada que ver con un colectivo. Iban por la vía, como un tren.
-¿Cómo aprendió a manejarlo?
-Empecé a ir adonde me mandaban: a limpiar, a hace mandados, lo que fuera, hasta que fui motorman y llegué a ser maestro de motorman. Tenía un freno con una zapata, que se accionaba con la manija, y otra manija para acelerar.
-¿Cómo era Rosario con tranvías?
-¡Qué lindo! Era muy distinto: el 20 pasaba por (la diagonal) Río Negro, donde se desenganchaba siempre. Iba hasta (el Cementerio) La Piedad y después por Mendoza hasta San Martín y San Juan, donde estaba el Mercado Central, que era como el Abasto pero mejor.
-¿La gente se ponía saco y corbata para ir al centro?
-Se acostumbraba. Si se ponían traje hasta para ir a la cancha. Me acuerdo que cuando el tranvía llegaba a Alberdi y Génova, a la vuelta de la cancha de Central, se llenaba hasta arriba del techo y cuando pasábamos por el túnel (el pasaje Celedonio Escalada) se tiraban de panza.
-¿Cómo era el trabajo del motorman?
-Nos daban un traje cada seis meses: uno en verano y otro en invierno. Y usábamos camisa, corbata y gorra celeste hasta el '60 o '62, cuando logramos trabajar sin gorra.
-Cuente un viaje en tranvía.
-Cuando llovía se cortaba el recorrido porque era peligroso y la gente se tenía que bajar y no tocar nada porque podía explotar el motor, entonces nos teníamos que bajar con el guarda y sacar la lanza.
-¿Cómo fue el paso del tranvía al trole?
-En el '63 (el intendente) Carballo sacó los tranvías y empecé a trabajar en el trole, que era una cosa nueva. Eran esos Fiat italianos que vinieron nuevos, donde también fui chofer y maestro de chofer. Estuve 16 años en la (línea) K.
-¿Había carteristas en el trole?
-Sí, pero ya los conocía. Un día vi a uno en la M, que tenía una campera, entonces le hice seña para que se acercara y le dije: "En la esquina te bajás". ¿Sabés que hizo? Se bajó en la esquina de Corrientes y Jujuy, pero en ese trayecto, no sé cómo hizo, pero le sacó la cadenita a una mujer. Otra vez subió una mujer gorda con un carterista y para hacer lío la mujer se me tiró encima y en el revuelo el tipo sacó varias billeteras. En cambio en el tranvía no había carteristas.
-¿Deberían volver los tranvías?
-Por supuesto. Deberían poner los tranvías en Rosario y los trenes urbanos como había entonces, mañana mismo. Y yo podría enseñarles a los pibes a manejarlos...