El logro de la inclusión

Miércoles 08 de Diciembre de 2010

La obligatoriedad de la escuela secundaria en la Argentina (la ley nacional de educación de 2006) no es un dato menor a tener en cuenta a la hora de evaluar los resultados de estas pruebas internacionales. En especial, porque el parámetro tomado es el rendimiento de los chicos de 15 años de edad, esto porque son los que en la mayoría de los países de la Ocde están en el límite de las escolaridad obligatoria. Y en la Argentina este margen se extiende a los 18 años de edad.

Entre esos chicos de 15 años evaluados en el país figuran los que cursan regularmente, junto a aquellos que se incorporaron tardíamente al sistema, los que pasan por escuelas de educación no formal y también los que intentan terminar la primaria. Estos datos hablan de los desafíos que el país debe superar en materia de escolarización pero también de un principio muy noble asumido: el de la inclusión.

Ni fácil ni sencillo, aún hay que romper barreras culturales, reales y simbólicas, que consideran que la escuela no es para todos. Aun así el empeño por hacer una educación inclusiva extendida al secundario ya muestra sus frutos: en el año 2009, la matrícula total de educación secundaria en la Argentina fue de 3.670.891, lo que representa un crecimiento de un 4,5% respecto de la matrícula de 2006 que era de 3.519.228 (datos del Ministerio de Educación nacional).

Superar la normativa instalada en los 90 que legitimaba una educación diferenciada entre pobres y ricos lleva su tiempo. Pero no es imposible si sigue sosteniendo el principio que considera a la educación como un derecho humano.