El Hotel Nacional de Cuba, una vieja dama que vio pasar la historia
Las alfombras se ven descoloridas y las habitaciones opacas, pero el Hotel Nacional de La Habana, que celebró el pasado jueves su 80º aniversario, se exhibe con orgullo ante cualquier visitante, como una dama que una vez fue joven y hermosa y que ahora refleja el paso de los años.

Domingo 02 de Enero de 2011

Las alfombras se ven descoloridas y las habitaciones opacas, pero el Hotel Nacional de La Habana, que celebró el pasado jueves su 80º aniversario, se exhibe con orgullo ante cualquier visitante, como una dama que una vez fue joven y hermosa y que ahora refleja el paso de los años.

En décadas pasadas el hotel albergó a estrellas de cine y mafiosos. Hoy son turistas españoles y británicos en sandalias los que visitan el edificio amarillento en el famoso Malecón de La Habana. La historia del hotel es en un reflejo de la historia de Cuba. Pasó de ser de un casino tropical a un enclave del comunismo. "La fortaleza del hotel radica en su historia, en todo lo que se ha vivido aquí y en lo que seguimos viviendo", dice el gerente Antonio Martínez. "Sus grietas son como las arrugas de un viejito que vio pasar la vida entera".

Refugio de Hollywood. El hotel fue inaugurado en 1930 como un refugio donde las estrellas de cine y los capos mafiosos podían relajarse al sol bebiendo ron. Tras la revolución castrista de 1959 pasó a ser un centro de entrenamiento para mujeres campesinas. Tuvo que cerrar ante la crisis económica que trajo el colapso de la Unión Soviética para ser reinaugurado como centro turístico para poder captar el codiciado dinero de los turistas extranjeros.

El pasado ha dejado sus huellas. Ahí están, por ejemplo, las marcas que dejaron las balas disparadas durante una rebelión en 1933, o la red de túneles y baterías antiaéreas cavados en el jardín durante la "Crisis de los Misiles" de 1962.

En su libro de registro parece una lista de celebridades y personajes históricos: Winston Churchill, Jean-Paul Sartre, Ernest Hemingway y Gabriel García Márquez, junto a capos mafiosos como Lucky Luciano. Las estrellas de Hollywood Errol Flynn y Rita Hayworth se alojaron allí, como también Mickey Mantle y Fred Astaire.

Hoy en día recibe la visita de famosos como Steven Spielberg, Kate Moss, Javier Bardem y Sean Penn.

El Hotel Nacional fue también blanco de ataques de elementos anticastristas. En julio de 1997 estalló una bomba colocada en el lobby, hiriendo a un turista y a varios empleados. El estallido, parte de una campaña que abarcó también a otros hoteles de La Habana, buscaba desestabilizar la frágil economía cubana.

Dinero “americano”. Los planes para construir el hotel comenzaron en la década de 1920. Aunque el gobierno cubano oficialmente financiaría la mayor parte de la inversión, que ascendía a 7 millones de dólares, el actual gerente, Martínez, dice que gran parte de los fondos provino de la mafia, que gozaba de gran fortuna debido al contrabando de licor en Estados Unidos, durante la Prohibición. “Ese capital necesitaba ser invertido”, dice Martínez en “Las revelaciones de una leyenda”, un libro lanzado el jueves sobre la historia del hotel.

El Nacional fue diseñado y construido por empresas estadounidenses. Ocho mil obreros tardaron 14 meses en terminar la edificación, que combina los estilos art decó, barroco, colonial español y criollo latinoamericano.

Promovido como un “paraíso tropical”, el casino y el cabaret ofrecían un hedonismo desenfrenado para una clientela mayormente norteamericana, y la mafia se quedaba con las ganancias. En diciembre de 1946, unos 500 mafiosos vinieron al hotel para una cumbre del crimen organizado dramatizada en “El Padrino II parte”. Durante el cónclave de seis días, los hampones se repartieron las actividades de casinos, drogas y prostitución en Cuba, afirma por su lado la historiadora semioficial del hotel y guía turística, Estela Rivas. Los paseos que ella organiza incluyen una visita a la habitación del segundo piso, donde Lucky Luciano y Meyer Lansky sostuvieron un encuentro clave en esa cumbre. Los paseos de Rivas también incluyen el cabaret — donde sensuales bailarinas con colas de pluma y escasa vestimenta sigue maravillando los ojos — y el bar Churchill, donde el primer ministro británico en 1946 descansaba fumando sus puros de la marca local Romeo y Julieta.

Cambio de rol. Pero la decadencia y el glamour tuvieron un final repentino en 1959 cuando triunfó la Revolución. El hotel fue nacionalizado y de sus paredes colgaron carteles con eslóganes comunistas. Cientos de campesinas fueron llevadas allí para que aprendieran a leer y bordar. Ingenieros soviéticos y parejas cubanas poblaron sus habitaciones. En 1990 el hotel cerró para una “una renovación completa” y reabrió dos años más tarde. Hoy, unos 86.000 turistas usan las 426 habitaciones del Nacional cada año. El precio de una habitación estándar es de apenas 129 dólares, por lo que suelen venir principalmente turistas de clase media de Europa, e incluso los estadounidenses que desafían el embargo.

“Es como compartir un poco de la historia con aquellos que estuvieron aquí antes”, dijo Pepa Gutiérrez Ortega, una turista de Sevilla, España. “Lo único que hay que hacer es mirar alrededor, y uno se da cuenta que vale la pena venir aquí”, añadió.