Sábado 15 de Abril de 2017
Asiento de aventuras y denuncias, el Rainbow Warrior III, arribó a la Dársena 3 del Puerto de Buenos Aires para festejar los 30 años de Greenpeace Argentina. Permanecerá abierto al público hasta mañana.
Si el mundo conoce a esta organización ecologista y polémica es por la espectacularidad en la denuncia de crímenes ambientales en diferentes puntos del planeta, realizadas en su mayoría desde el Warrior, un buque verde, que, a ambos lados de la proa parece avanzar con una paloma y el arcoiris, emblema de los ecologistas.
Construido en los Países Bajos con las más altas exigencias ambientales, contiene equipos de seguridad y herramientas de acción como cuatro embarcaciones inflables —los famosos gomones con los que interceptan otras embarcaciones— y las instalaciones para un helicóptero. Proporciona alojamiento y una plataforma de comunicación con la última tecnología.
Envueltos por una aureola de heroismo y audacia, los 16 tripulantes del barco, encabezados por el capitán catalán Pep Barbal Badía, están en el Puerto de Buenos Aires para homenajear a sus simpatizantes argentinos por tres décadas de trabajo ambiental con actuaciones, algunas rutilantes, en los debates por las papeleras, bosques, basura y glaciares, entre otros.
Los visitantes, que tienen entrada libre y gratuita, escucharán también la larga historia de la nave insignia que, entre otros episodios, incluye el hundimiento de su primera versión por parte de los servicios secretos franceses en 1985 en el oceáno Pacífico, donde los ecologistas buscaban detener pruebas nucleares.
Pero para los socios y voluntarios de Greenpeace, unos 140 mil en la Argentina, formar parte de la tripulación de la emblemática nave "es un sueño para el que sólo se necesita pasión", según dijo a Télam Emili Trasmonte, primer oficial en el barco, catalán también y entusiasta navegante desde 2009.
Acompañados por un equipo internacional y multirracial (chilenos, argentinos, españoles, ruso, alemán, panameño, italiano, libanés, estadounidense y fijiano), la mayoría de los tripulantes a las ocho ya están desayunados y listos para emprender el día con un corte a las 12 para el almuerzo. Luego hacen tareas hasta las 17, cuando termina la jornada, y a las 18 ya está la cena.
El Rainbow Warrior utiliza energía eólica en lugar de combustibles fósiles. La forma del casco maximiza la eficiencia energética. Cuenta con un mástil y velas con armazón en forma de A, lo que permite optimizar la navegación. Realiza el tratamiento biológico de aguas residuales y aguas grises. Tiene una central de ventilación y sistema de llenado de combustible y aceites para evitar derrames. Y su pintura no es contaminante.