El estilista rosarino que a bordo de un crucero va por el mundo con sus tijeras
Alejandro Manfredi es rosarino, tiene 29 años y pasó sus años de adolescencia por las calles del viejo barrio Refinería. Tal vez pocas veces pasó por su cabeza que iba a surcar los mares del mundo, literalmente hablando.

Sábado 17 de Septiembre de 2011

Alejandro Manfredi es rosarino, tiene 29 años y pasó sus años de adolescencia por las calles del viejo barrio Refinería. Tal vez pocas veces pasó por su cabeza que iba a surcar los mares del mundo, literalmente hablando. Es que este fanático de Newell's está realizando una vivencia singular como peluquero estilista de un crucero de lujo, el Costa Deliziosa, un barco de bandera italiana que en pocas semanas más arribará a Italia, su destino final de la temporada.

A poco de haber dejado Barcelona, La Capital contactó a Manfredi, quien contó sus orígenes y cómo terminó trabajando en esa fortaleza marítima de 92.600 toneladas. "Cuando terminé la secundaria en el colegio Boneo empecé la carrera de Derecho pero ya en 2001 me di cuenta que me gustaba ser peluquero. Trabajé en varios lugares, incluso para Roberto Giordano y en 2007 me hice ciudadano italiano y decidí ir a Madrid para conocer un poco Europa. Estuve trabajando muy bien, tuve la posibilidad de viajar y conocí muchísima gente de todos lados", relata a la distancia.

La experiencia fue muy positiva. Regresó a Rosario en el 2008 pero sus ansias de viajar lo devolvieron a España un par de años después, más precisamente a Platja D'aro, cerca de Barcelona, en la Costa Brava.

"Cuando terminó la temporada de verano, decidí mudarme a Londres. Y buscando trabajo ahí me encontré con la posibilidad de trabajar para Steiner Transocean, que es el spa a bordo del Costa Deliziosa. Hice una entrevista, me fui a Londres, donde hice un entrenamiento para ser peluquero estilista internacional, y me designaron mi primer barco, el Costa Deliziosa. Allí trabajo para el Samsara Spa. En total somos 25 terapistas entre masajistas, cosmetólogas, y peluqueros. Hacemos servicios de spa para el cabello, toda una serie de tratamientos de desintoxicación, barbería, masajes de técnica asiática (bali, ayurveda) y tenemos un área termal de 2.300 metros cuadrados", explica. El spa en total ocupa 3.500 metros cuadrados en dos niveles.

Su aventura comenzó en noviembre del año pasado en Nápoles. Desde allí, el Costa Deliziosa puso proa hacia Dubai. Manfredi se entusiasma cuando recuerda cada uno de los lugares que recorrió y conoció en sus horas libres, que no fueron tantas pero sí muy bien aprovechadas. "En el spa se trabajan muchas horas por día pero es un laburo muy atractivo y te topás con gente de todas las nacionalidades. Eso, incluso te hace esforzarte y conocer otros idiomas. Además, algunos dejan buenas propinas", cuenta con cierta complicidad.

Bahrein, Abu Dhabi, en Emiratos Arabes, Muscat, en Omán, Fujairah Salalah, en Yemén, Aquaba, en Jordania y muchos puertos de Egipto, como Port Said, Safaga, Alessandria, Sharm el Sheik, y también de Israel, fueron parte de la primera parte del periplo de Manfredi.

"Luego volvimos al mar Mediterráneo, a Savona (Italia) y viajamos por toda la costa de España. Fuimos a los fiordos noruegos y tocamos todas las capitales del mar Báltico. Estuvimos en Islandia y Groenlandia en agosto, en plena temporada de verano. Fuimos a Nuuk, que es la ciudad de Papá Noel, Dinamarca, Suecia, Finlandia y San Petersburgo. Allí es impresionante ver el Hermitage, la casa de verano del emperador Pedro el Grande. También anduvimos por Portugal, las islas Faroe, Escocia, la ciudad de Ivergordon (Loch Ness) y ahora estamos regresando a Savona, destino donde voy a dejar la nave a fin de mes".

Manfredi da algunos datos del crucero, que tiene capacidad para más de 2.800 pasajeros y lleva unos 1.100 tripulantes, la mayoría asiáticos, de Filipinas, Indonesia, China y Vietnam. "Los salarios no son muy altos, pero para sus países es mucho dinero", indica. La nave cuenta además con cuatro restaurantes, once bares, cuatro jacuzzis, tres piscinas, una de ellas con cubierta retráctil, y una piscina infantil, cine 4D, un teatro de tres pisos, casino y discoteca, además de varios simuladores de juegos.

Asegura que el gusto por viajar es lo que lo motivó a embarcarse pero su querida Rosario siempre está presente. No hay lugar en el mundo por el que anduvo donde la bandera argentina, la camiseta de Newell's y el mate no formaran parte del paisaje. También dice que aprendió idiomas. "Prácticamente estoy hablando muy bien italiano, mejoré muchísimo mi inglés, que es algo así como obligatorio para trabajar acá. Y también estoy aprendiendo francés", agrega entre tanta información.

El muchacho de Refinería piensa volver a Rosario pronto. Y sus ansias de ampliar horizontes tal vez lo devuelvan nuevamente al mar, aunque dice que para eso habrá tiempo. "Puede ser, esta experiencia para mí fue increíble. Tuve 10 meses de muchísima información, vi países de muchos contrastes, disfruté de comidas inimaginables, conocí lenguas, culturas y música de todo tipo. Eso me hace pensar que vivimos en un país espectacular, donde tenemos de todo pero no lo sabemos valorar", resume su experiencia.