Viernes 27 de Septiembre de 2019
La primera revista de Mafalda que compró el dibujante Agustín Sciammarella fue en el quiosco de la esquina de su casa, con 12 años. Vivía en la calle Talcahuano de Buenos Aires, encima de la editorial de la niña argentina más famosa del mundo. "Es imposible recordar sólo una viñeta porque cada número tiene muchísimas para recordar", sostiene, aunque alguna le viene a la memoria, publica el diario español El País, que celebra con una colección de todas las tiras de Mafalda.
A la casa del dibujante Fernando Vicente llegó para formar parte de la familia. "A mí me encanta y ahora mi hijo de 15 años lo tiene todo de Quino", apunta. Una imagen de Mafalda decora incluso su habitación. "No es que se lo haya intentado inculcar como padre, es que le gustan los chistes, las ironías, le chifla por los mismos motivos que me gustaba a mí de pequeño". El lenguaje directo y rápido que habla de lo cotidiano ha enganchado a generaciones. Sciammarella considera que parte de este éxito surge porque "la revolución siempre triunfa" y "ella iba contra todo y antes o después, quien más quien menos, se siente atraído".
En las 11 entregas de la colección Mafalda, se recoge la crítica social que define a la niña, pero también otro rasgo que el viñetista subraya: "La inolvidable ingenuidad de todos los personajes".
Sciammarella discute la aparente simplicidad que, a veces, se achaca al trazo de Mafalda. "Lo que parece sencillo es dificilísimo de conseguir, la familia Mafalda, con los amiguitos, ese coche del padre fantástico, toda esa sencillez de líneas y cómo gesticula cada personaje es muy potente", explica. Coincide con él Vicente: "Quino tiene una mirada capaz de reducir a la mínima expresión cosas muy complejas de sintetizar; de una manera muy clara reduce los conceptos que quiere y eso no es nada fácil, sino todo lo contrario". Todos esos elementos que Quino conjugó en sus viñetas han convertido a Mafalda en una obra que, como buen clásico, no sólo aguanta la revisión de los años, sino que va ganando en contenido. "Ahí reside su fuerza propia", remata Sciammarella.